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Hanoi

Reencuentro familiar en la capital de Vietnam

overcast 30 °C
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Tras unas cuantas semanas viajando sola y muchos meses recorriendo el mundo con tranquilidad, en Vietnam me uní al plan de 2 semanas de mi hermana Elena y Juanfran. Nuestras aventuras juntos comenzaron en Hanoi, la caótica capital del país, donde celebramos nuestro reencuentro con unas cervezas frías y el plato de fideos más típico, un sustancioso pho bo.

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A pesar del largo viaje hasta esta parte del mundo, mi familia estaba llena de energía y en un día maratoniano recorrimos los sitios más significativos de la ciudad. Comenzamos visitando el mausoleo de Ho Chi Minh, el héroe del comunismo vietnamita que es considerado el padre del Vietnam moderno. Por desgracia, no pudimos entrar porque la momia del señor estaba restaurándose en Moscú (o eso decía nuestra guía). Después pasamos un divertido rato en un museo de la guerra, donde había numerosos restos procedentes de la guerra con los Estados Unidos (incluyendo helicópteros, aviones y tanques) y donde vimos el primer vídeo propagandístico de una larga lista, que más que insuflarnos espíritu anticapitalista nos hizo partirnos de la risa.

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También exploramos los monumentos más antiguos de Hanoi, comenzando por el Templo de la Literatura, un oasis en mitad de la ciudad. Se trata de un templo dedicado a Confucio, donde, además, se celebraban los logros intelectuales de los vietnamitas. El sitio está lleno de grandes piedras talladas con los nombres de las personas más relevantes y se considera que fue la primera universidad de la ciudad.

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Tampoco faltó una visita a la pagoda del pilar único, un pequeño templo en mitad de un laguito que se sujeta con sólo un pilar. Originalmente, el pilar era de madera, pero se quemó y ahora ha sido reemplazado por uno de hormigón, que, para ser sinceros, le quita gran parte de la gracia.

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Sin embargo, lo más interesante de Hanoi es la ciudad en sí misma, con sus millones de ciclomotores rugiendo a la vez, sus puestos de comida en la calle, sus vendedoras ambulantes llevando la mercancía sobre sus hombros,... En definitiva, su caótica pero fascinante esencia. Para empezar, cruzar la calle en Hanoi es toda una aventura. He estado en infinidad de países donde el tráfico era horrible y no se respetaba en absoluto al peatón, pero lo de esta ciudad lo supera todo. Apenas hay semáforos y los pasos de cebra son inexistentes, por lo que las motos nunca dejan de pasar y tienes que lanzarte a la calle con toda la convicción del mundo y manteniendo un ritmo constante mientras confías en que las motos te esquiven. Casi siempre lo hacen, aunque no se puede decir lo mismo de los pocos coches que circulan por la ciudad, que conducen como si fueran los amos de la carretera y no se paran por nada ni nadie.

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En el barrio antiguo, además de sortear a las motos en la calzada, te toca lidiar con ellas en las aceras, ya que todo espacio disponible se ha transformado en un aparcamiento para ciclomotores. Así, la parte de acera para caminar es diminuta y la mayor parte de las veces está ocupada por puestos de comida, con lo que te toca lanzarte a la estrecha calle cada dos por tres e intentar no ser atropellada.

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Para huir del tráfico tienes la opción de acercarte a alguno de los parques y lagos de la ciudad. Unos sitios muy concurridos, donde los vietnamitas acuden, sobre todo, para hacer deporte. Me dio la sensación de que había una verdadera obsesión por el ejercicio. A las 6 de la mañana ya hay grupos que comienzan el día haciendo tai chi. En los numerosos gimnasios al aire libre (con sus pesas y todo) se ejercitan los tipos más fibrosos que he visto nunca. Tampoco falta gente haciendo aeróbic al ritmo de la música y en cada esquina se ve gente jugando al bádmiton (con o sin campo) o pasándose con el pie una pequeña pelota con plumas. Esto último es todo un espectáculo, pues aunque parece sencillo, requiere de práctica (a nosotros nos costó horrores darle más de 3 veces seguidas), más aún cuando se pasan la pelota a varios metros de distancia. En fin, que ir al parque en Hanoi es toda una experiencia.

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La ciudad también cuenta con un barrio más moderno, con amplias avenidas y edificios de la época de la colonización francesa, como este teatro de la ópera. Además, en esta parte de Hanoi se encuentra la prisión Hoa Lo, construida por los franceses para confinar a prisioneros políticos, aquéllos que luchaban por la independencia del poder colonial y que vivían allí en unas condiciones deplorables y con la guillotina pendiendo sobre sus cabezas, nunca mejor dicho. Eso sí, el edificio debía tener más agujeros que un queso gruyère porque hubo cientos de prisioneros que escaparon. Muchos años después, la prisión sirvió de lugar de internamiento de los pilotos americanos capturados en Vietnam del Norte, que apodaron el sitio como Hanoi Hilton. Todavía se conservan recuerdos, como el traje de John McCain (sí, aquél que se presentó a presidente), y tienen un video divertidísimo con la maravillosa vida que llevaban allí los prisioneros americanos (poco más que deciden convertirse al comunismo y quedarse).

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Por último, que no por ello menos relevante, destacaría la intensa vida en la calle que caracteriza a Hanoi. La ciudad está llena de puestos de comida callejera, donde cualquiera pone un chiringuito con cuatro sillas tamaño pinypon y te saca la comida de un barreño. Incluso los restaurantes con un pequeño local, colocan sus mesas y sillas (siempre diminutas) en la calle. También nos sorprendieron mucho las peluquerías callejeras. Con un pequeño espejo, un sillón y unas tijeras ya tienes montado tu negocio. Y si el barrio no te proporciona suficientes clientes, siempre puedes mudarte a otro! Por otro lado, como no podía ser menos, puedes encontrar cualquier cosa que necesites en alguno de los mercadillos de la ciudad y conseguir fruta en los lugares más insospechados.

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Hanoi puede ser una ciudad bastante estresante y realmente no tiene unos edificios o monumentos espectaculares que visitar. El barrio antiguo es especialmente feo, con calles estrechas donde los cables eléctricos cuelgan por doquier y las casas necesitan urgentemente una mano de pintura. Sin embargo, su autenticidad hace que sea una ciudad que merece la pena visitar.

Posted by gacela 03:07 Archived in Vietnam Tagged ciudades

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