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Hoi An y alrededores

El corazón turístico de Vietnam

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Hoi An se trata de la ciudad más turística de todo Vietnam. Esta ciudad patrimonio de la humanidad se ha volcado con los visitantes, tanto extranjeros como nacionales, y, así, cada uno de los restaurados edificios del centro se ha convertido en una tienda de souvenirs, un restaurante o un hotel. Y los turistas han acudido a la llamada, llenando las calles de tal manera que a ratos me dio la impresión de estar paseando en alguna calle de Europa en lugar de en mitad de Asia.

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Caminar por esta parte de la ciudad resulta muy agradable, pues las calles están cerradas al tráfico rodado y el paseo junto al río evoca otros tiempos (la ciudad fue un importante centro comercial entre el siglo XV y el XIX). Además, por la noche todo se ilumina con farolillos, lo que le proporciona un ambiente acogedor, en el que los puestos ambulantes luchan por conseguir la atención de los turistas. Sin embargo, la sensación general es de estar en un parque temático, que nada tiene que ver con la cultura vietnamita tradicional.

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Por otro lado, la ciudad es famosa por sus sastres, que son capaces de copiar cualquier modelo de traje y, tras elegir las telas, tenerlo listo en apenas 24 horas. Lo difícil en este caso es elegir el lugar donde hacerte la ropa, ya que prácticamente hay un sastre en cada esquina. No le vi mucha utilidad a un traje a medida en mi vida de exploradora mochilera, pero Juanfran sí que aprovechó la ocasión y se hizo una camisa chulísima.

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Otro de nuestros días en la ciudad aprovechamos para hacer algo un tanto diferente y, de esta manera, formamos parte de un tour muy especial, donde el señor Phong nos llevó a su casa en un pueblo cercano, en el que paseamos y conocimos de primera mano la forma de vida de los vietnamitas. Pasamos un día realmente interesante, visitando la escuela local, el mercado, los campos de arroz y los templos que cada familia tenía en las afueras de este pueblo de carreteras sin asfaltar, donde las calles no tienen nombre porque se conocen todos los vecinos.

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Aquí descubrimos cómo la mayoría de las casas contaban con una habitación dedicada a taller, ya fuese para enrollar puros, arreglar las redes para pescar o hacer canastas de mimbre. Y todas sin excepción tenían un altar donde venerar a los antepasados. Tradición que los comunistas no pudieron (o no quisieron) abolir, por lo que pasaron a considerarla una herencia cultural y no una religión. Por otro lado, la comunidad todavía constituye una parte muy importante de la vida rural en Vietnam, como pudimos observar en este alambique comunal para elaborar licor de arroz, en el que todos los vecinos colaboraban y luego se llevaban su parte de este fortísimo brebaje.

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Antes de degustar una excelente comida casera, el señor Phong nos explicó sus experiencias en la guerra y durante los años posteriores a la contienda. Pocos conflictos están tan presentes en la memoria colectiva como la guerra de Vietnam, sin duda como consecuencia de las innumerables películas americanas sobre el tema. Sin embargo, pocas veces se ha dado voz a la versión de los vietnamitas y, por lo menos, mi conocimiento real sobre el conflicto era muy limitado antes de visitar el país. En otro post os contaré en más detalle la historia, pero estaba claro que la división del país en Vietnam del Norte y Vietnam del Sur decretada por las potencias mundiales durante la guerra fría no podía traer nada bueno. Y los pobres a los que les tocó luchar con el sur capitalista (y, por tanto, con los americanos que luego les dejaron tirados a su suerte), como fue el caso de Phong, tuvieron que pasar por campos de re-educación y no volvieron a tener la opción de conseguir un trabajo digno.

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En todo caso, pasar el día en el pueblo y charlando con este ilustrado vietnamita me pareció una experiencia muy enriquecedora. Al día siguiente, para continuar con nuestra educación cultural, alquilamos unas motos y visitamos las ruinas del reino Champa. El complejo de My Son, declarado patrimonio de la humanidad, se encuentra a unos 40 kilómetros de Hoi An. Los restos arqueológicos de este santuario hinduista de ladrillo rojo son típicos del reinado champa, que dominó la zona del siglo IV al XII y cuyas influencias indias e indonesias resultan indiscutibles.

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Por desgracia, la mayoría de los templos, tumbas y demás edificaciones del recinto se encuentran bastante derruidas y hay que ponerle mucha imaginación para sentir el esplendor que debieron tener en su tiempo. Así, casi nos gustó más el recorrido por carreteras secundarias que nos llevó hasta allí y en el que cruzamos pequeños pueblos e infinidad de tierras de labranza y donde la gente mostraba genuina curiosidad por nuestros.

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Para culminar el día motero (menuza paliza nos dimos con la scooter), fuimos a ver las denominadas montañas de mármol, que se elevan imponentes en mitad de un llano. La base de la montaña estaba llena de tiendas de recuerdos, como no podía ser de otra manera hechos en mármol, y hasta había un ascensor para subir, lo cual nos decepcionó un poco. Sin embargo, después el lugar nos sorprendió gratamente, ya que la montaña estaba salpicada de templos. Había pagodas por todas partes, incluso dentro de las numerosas cuevas que aparecían aquí y allá.

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Además, desde lo alto de la montaña había unas vistas preciosas de la costa, la llamada playa de China que los americanos utilizaron como lugar de descanso de sus tropas. Tras la visita a la montaña, hicimos un alto en esta kilométrica playa, que poco a poco se está convirtiendo en destino turístico y que en su tramo más cercano a Hoi An ya está llena de hoteles y resorts.

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Nuestra despedida de Hoi An estuvo llena de sabor, ya que para la última noche contratamos un curso de cocina en uno de los restaurantes de la ciudad. Los 3 nos dedicamos a cortar, pelar y poner atención a la profesora/cocinera, mientras bebíamos jarra tras jarra de cerveza (a 12 céntimos de euro, era más barata que el agua). Así, no sé muy bien cómo pudimos ayudar a cocinar los platos, pero nos supieron a gloria...

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En resumen, Hoi An tiene mucho que ofrecer porque no sólo la ciudad tiene un bonito centro histórico, sino que los alrededores son dignos de visitar. De esta manera, nosotros pasamos unos días muy entretenidos, haciendo un poco de todo antes de poner rumbo al sur del país. El delta del Mekong era nuestro siguiente destino.

Posted by gacela 07:55 Archived in Vietnam Tagged montañas templos ruínas

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