Isla de Ometepe
04.04.2011 - 07.04.2011
30 °C
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Vuelta al mundo
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Ometepe es una isla en mitad del Lago Nicaragua formada por dos volcanes, que se levantan imponentes en los extremos opuestos de la isla. Este curioso lugar se encuentra relativamente cerca de San Juan del Sur, donde Alex y yo habíamos pasado los últimos días, así que tras un corto trayecto en bus y otro en taxi, nos encontramos en el muelle de San Jorge, desde donde salen los ferries hacia la isla.

Aunque parezca extraño viendo la foto, este ferry es el transporte público más cómodo de toda Nicaragua: sillones mullidos y aire acondicionado! Por desgracia, el trayecto sólo dura una hora y, entonces, no queda más remedio que volver a las carreteras polvorientas y los estrechos autobuses de colegio. Eso sí, las vistas desde el barco son inmejorables, pues permiten ver ambos volcanes a la vez.

Siguiendo las recomendaciones de otros viajeros, el plan era llegar hasta un pequeño pueblo llamado Mérida y utilizarlo como base de operaciones para explorar la isla. Sin embargo, no contábamos con la deficiente, por no decir extraña, red de autobuses que conectan las distintas poblaciones esparcidas a lo largo de la pequeña isla. De esta manera, el primer bus que cogimos nos dejó en la intersección apropiada, junto con un variado grupo de otros pasajeros. Uno de ellos, se sabía todos los horarios de los buses de memoria, pero aún así, el que tenía que pasar en ese momento, no llegó nunca. También esperaba con nosotros una mujer mayor con un millón de bolsas, que nos contó la historia de su vida, y otra mujer que recordó una ocasión en la que ninguno de los buses de la ruta pasó y tuvo que quedarse a dormir en casa de un conocido. Y así, sentados en mitad de la carretera, estuvimos esperando durante un par de horas hasta que pasó un camión lleno de grava que se ofreció a llevarnos y, aunque no llegaba hasta el destino final de ninguno de nosotros, nadie dudó en subirse y aprovechar el paseo (nunca se sabe y siempre es mejor estar más cerca). Visto que llegar hasta Mérida iba a ser complicado, decidimos quedarnos a mitad de camino, en una zona con varios hoteles de nombre Santo Domingo.
Lo único destacable de este sitio es que nos permitió comprobar la inmensidad del Lago Nicaragua, también conocido como Cocibolca, que ocupa hasta donde alcanza la vista y tiene hasta oleaje. Así, a ojo, yo diría que ocupa prácticamente un tercio del país y, además, ha sido testigo de una importante parte de la historia nicaragüense (cuyos detalles os contaré en otro momento).

A la mañana siguiente, nos pusimos en marcha hacia Mérida. A la hora indicada, estábamos en la estrecha carretera esperando el autobús, pero lo único que aparecieron fueron monos cruzando de un lado a otro. A pesar de que todos los locales con los que nos cruzamos nos aseguraron que el bus pasaría de un momento a otro, una hora después todavía no había rastro del mismo, por lo que, sacamos el pulgar e intentamos conseguir un "ride" (como dicen aquí). No fue demasiado difícil llegar hasta el siguiente cruce de la carretera, que un par de kilómetros antes se había convertido en un verdadero camino de cabras, lleno de agujeros por todas partes. Y, justo cuando me estaba empezando a preguntar si alguien pasaría por allí y, sobre todo, qué tipo de vehículo podría circular por ese camino, pasó un monovolumen y nos llevó hasta nuestro destino.

Por fin, tras una larga mañana de viaje para recorrer tan sólo 20 kilómetros, llegamos a Mérida. Allí nos juntamos unos cuantos mochileros y organizamos la subida al volcán Maderas para el día siguiente. Este volcán es el más pequeño de los dos y, además, cuenta con más vegetación, lo que hace la subida mucho más sencilla al contar con sombra todo el camino. Éramos un grupo bastante heterogéneo, con lo que nos costó bastante llegar hasta la cima, pero tuvimos la suerte de poder ver el lago que hay en el cráter durante unos minutos, antes de que las nubes lo taparan por completo.


La bajada fue un poco más complicada, pues a una de las chicas, que no tenía mucha experiencia en esto del trekking, le empezó a dar miedo e iba con tanto cuidado que casi no avanzaba. Parece que al resto, incluido el guía, no le importó demasiado y siguieron bajando a su ritmo, pero yo me quedé con ella por si le pasaba algo. Total, no os podéis imaginar lo cansado que es bajar una montaña yendo a dos por hora, hay que hacer el doble de esfuerzo porque tienes que luchar contra la gravedad. Para colmo, en una de las paradas, me apoyé en un árbol y me mordió una maldita hormiga enorme! No sabía que las hormigas podían hacer tanto daño, me estuvo doliendo el dedo todo el día. En fin, tras mucho esfuerzo, regresamos al pueblo, aunque nos llevó unas 8 horas completar todo el recorrido.


Para celebrar la coronación del volcán, esa noche nos fuimos todos juntos a cenar al mejor restaurante del pueblo y las botellas de 2 litros de Flor de Caña (el famoso ron nica) cayeron como agua. Una noche de lo más divertida, que culminó saltando la valla de nuestro alojamiento, que ya estaba cerrada a esas horas.
A la mañana siguiente, me despedí de Alex y puse rumbo a San Carlos, una ciudad al sur del Lago Nicaragua. Para llegar hasta allí tenía que coger un barco que salía por la tarde y sólo pasaba dos veces por semana, así que para evitar cualquier contratiempo, me fui en el bus de la mañana. Casualmente, este autobús sí pasó a su hora y acabé en el muelle con más de 7 horas de adelanto. Por suerte, no fui la única previsora y allí coincidí con Kristin y Esther (australiana y española, para más señas), con las que estuve entretenida todo el día.
El ferry llegó a la hora prevista y allí nos dispusimos a pasar la noche, en primera clase (a los gringos no nos dejaron comprar un asiento en segunda), con el aire acondicionado a tope y una tele a todo volumen con películas de los años 70. Afortunadamente, no había mucha gente y nos pudimos tumbar en los bancos corridos que hacían de asientos. Yo me tomé mi querida biodramina y al rato ya estaba durmiendo, a pesar de ser tan sólo las 8 de la noche. Nunca pensé que un barco se pudiera mover tanto en un lago, pero gracias a las pastillitas milagrosas sobreviví a las 10 horas de travesía pasando prácticamente 9 durmiendo. Sin embargo, las consecuencias no fueron agradables, pero los detalles los dejo para el próximo post.
Posted by gacela 04.07.2011 22:40 Archived in Nicaragua








Solidaridad con las patosas!! Seguro que inconscientemente te recordó a tu hermanita y por eso te quedaste para protegerla
Muaka
05.07.2011 by Elena-sister