Prince Rupert
30.07.2011 - 03.08.2011
13 °C
View
Vuelta al mundo
on gacela's travel map.
Prince Rupert es un pequeño pueblo en la costa pacífica canadiense, donde la mayoría de la gente está tan sólo de paso mientras esperan que salga su ferry. De aquí salen los ferries tanto hacia Alaska, en el norte, como hacia Vancouver Island, en el sur de Canadá. De esta manera, reciben a un número considerable de turistas, pero éstos no suelen quedarse más de una noche. Sin embargo, a mí me pareció un sitio muy interesante, en el que merecía la pena pasar unos días.
Llegué a Prince Rupert desde las Rocosas en un extraño tren, que tardó 22 horas en recorrer los 1.000 kilómetros que nos separaban, circulando a la estratosférica velocidad media de 45 km/h. La salida de las Rocosas fue preciosa, salió el sol después de varios días nublado y hasta pudimos apreciar uno de los picos más altos de Canadá, el Monte Robson.


Al tratarse de un tren eminentemente para turistas, los revisores te avisaban cada vez que había algo que ver por el camino, ya fuera un lago, una montaña o un oso que pasaba por allí. Así, pude ver a un castor nadando tranquilamente en un laguito junto a las vías. Por otro lado, me pareció impresionante que en todo este trayecto apenas nos cruzamos con civilización. El tren paró 5 veces y sólo una de estas paradas era una ciudad de verdad, el resto consistían en 6 ó 7 casas de madera en mitad de la nada. Eso sí, en la ciudad nos hicieron bajar del tren y buscarnos un hotel, para volver a la mañana siguiente a seguir la ruta.
Tengo que admitir que tuve muchísima suerte con el tiempo en mi estancia en Prince Rupert, pues aquí llueve prácticamente sin parar (así está todo tan verde) y, por alguna extraña razón, a mí me hizo sol casi todos los días. Me alojé en el jardín de un albergue que estaba muy bien. De manera que pasé las noches en mi tienda de campaña, pero tenía acceso a todas las comodidades de la casa: cocina, internet y una estupenda ducha de agua caliente.


Prince Rupert se encuentra en realidad en una pequeña isla, que está conectada por carretera con el resto del país, y está rodeado de bosque húmedo. Mi primera excursión fue a una zona de bosque junto al mar, donde la marea genera unos rápidos al subir y bajar el agua entre unas pequeñas islas. Un lugar precioso, con mucha información sobre la flora y la fauna.


Aunque el pueblo no tiene nada especial, es un sitio bonito en general y muy tranquilo, con un puerto de pescadores, ciervos paseándose por las calles y águilas calvas en lo alto de los postes. Las puestas de sol desde el puerto me parecieron especialmente chulas.


Otro día decidí explorar la montaña situada a espaldas del pueblo, así seguí un sendero muy empinado lleno de barro hasta lo alto de la montaña, donde disfruté de las siguientes vistas espectaculares. Una vez allí, pensé que sería más fácil llegar hasta el final del sendero, que, en teoría, se comunicaba con una carretera de tierra y bajar por esa carretera en lugar de volver descendiendo por el sendero embarrado. Sin duda, fue una decisión equivocada.


Las marcas del camino estaban cada vez más espaciadas, con lo que me empezó a costar un poco seguirlas y llegó un momento en el que desaparecieron por completo. Intenté recuperar el sendero, pero después de una hora no conseguí avanzar y, además, me fue imposible encontrar el camino por el que había llegado. Llegados a este punto, me pareció que lo más sensato era buscar ayuda, así que llamé a la policía. La operadora fue de lo más amable, me preguntó todos los detalles del camino y si me encontraba bien, además de repetirme varias veces que estuviera tranquila. Si yo estaba de lo más relajada, perdida en mitad del camino (¡manda huevos!), pero muy tranquila, especialmente ahora que sabía que venía la policía montada a rescatarme.
Lo más aburrido fue esperar a que llegara la policía, aunque nos hablamos varias veces para darles más detalles y para confirmar que seguía bien y tranquila. Así, casi 3 horas después por fin escuché a la cuadrilla de rescate, liderados por una maravillosa perra pastora alemana. La alegría pronto se transformó en una pequeña decepción, ya que de los tres rescatadores, dos estaban destrozados. El tercero estaba más en forma y, además, era el único que no iba con todo el equipo de policía, chaleco y pistolas incluidas. Seguimos al líder del grupo, que llevaba un GPS, campo a través porque, en realidad, no había ya más camino (no me extraña que no fuera capaz de encontrarlo). Al rato se hizo de noche, no sin antes poder disfrutar de uno de los atardeceres más impresionantes que he visto nunca. Aunque el GPS indicaba dónde estaba la carretera de tierra, las dificultades del terreno no nos permitían llegar en línea recta, aunque en algún momento sí intentamos acortar atravesando una zona de arbustos de la que tuvimos que recular después de avanzar 5 metros en 10 minutos. En más de una ocasión pensé que tendrían que venir a rescatar a los rescatadores, entre que cada dos por tres teníamos que esperar a los dos rezagados y que no encontrábamos el camino, me pareció que el rescate era poco serio. Sin embargo, 2 horas y media después, a las 12:30 de la noche, encontramos la carretera de tierra y un coche de policía vino a buscarnos. La policía del coche se bajó descojonada de la risa y empezó a hacer coñas con los otros y a echarnos fotos (que, por cierto, no me ha enviado). Después de todo, final feliz a esta aventurilla por los montes canadienses de la que acabé llena de barro hasta las orejas y llegando al albergue en coche de policía.
Posted by gacela 22.12.2011 00:43 Archived in Canada








ja,ja me ha encantado la historia :-)
22.12.2011 by Ana CPH