A Travellerspoint blog

Bagan

overcast 34 °C
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Bagan es uno de los principales destinos turísticos de Myanmar gracias a los más de 2.000 templos que se encuentran desperdigados en una llanura que ocupa unos 100 kilómetros cuadrados. Así que aquí me dirigí después de mi fugaz paso por Yangón. Myanmar es el primer país que visito en el que los autobuses tardan mucho menos de lo publicitado y, de esta manera, llegué a Bagan a eso las 4 de la mañana, cuando el sol apenas empezaba a despuntar por el horizonte. Parece ser que la calidad de las carreteras y de los autobuses ha mejorado sustancialmente en los últimos años, pero los horarios de salida del transporte todavía no se han modificado y en todos los trayectos nocturnos acabas llegando a unas horas intempestivas . En todo caso, todavía medio dormida hice piña con otros 3 mochileros a los que había conocido en el bus y juntos nos dispusimos a encontrar alojamiento.

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Una vez instalados, y a pesar del cansancio y la ojeras, Jeremy, Anne, Kate y yo cogimos unas bicicletas, que es la mejor manera de moverse por la zona, y nos fuimos a explorar la zona. A los 5 minutos ya estábamos sobrecogidos con la cantidad de templos que se nos presentaban a diestro y siniestro. Había tantos que éramos incapaces de decidir cuáles visitar. Por lo que este primer día nos dedicamos casi en exclusiva a pedalear de un lado a otro y maravillarnos con la grandeza del lugar.

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Los templos fueron construidos originalmente entre el siglo IX y el XIII, cuando aquí se encontraba la capital del reino de Pagan. De hecho, en la época de mayor esplendor del reino (s. XI-XIII) se levantaron más de 10.000 monumentos budistas. Este boom inmobiliario-religioso terminó con la caída del imperio y los templos se abandonaron a su suerte. Así, la mayoría fueron destruidos en sucesivos terremotos o simplemente se fueron cayendo por la falta de cuidado. En la década de los 90 se inició un controvertido programa de reconstrucción (parece que las técnicas modernas utilizadas no son del agrado de los expertos), que, en todo caso, nos permite disfrutar ahora de multitud de templos, estupas y monasterios y hacernos una idea de la magnitud del imperio y su fervor religioso.

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En nuestras rutas ciclistas nos encontramos con templos y estupas de todo tipo: la mayoría eran de ladrillo visto (mis favoritas), mientras que otras estaban encaladas en blanco y tampoco faltaban brillantes cúpulas doradas. En el interior de cada uno de los templos siempre había, por lo menos, una inmensa estatua de Buda y en algunas se conservaban también interesantes murales.

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Cada tarde que pasamos en Bagan nos encaramamos a un templo diferente para ver la puesta de sol y allí pasamos las últimas horas del día, disfrutando de la brisa mientras el sol iba desapareciendo poco a poco. Además, por la noche se iluminaban algunos de los templos, lo que les daba un toque distinto. Eso sí, el resto de la zona estaba más oscura que la boca del lobo y volver al hotel no siempre fue tarea sencilla.

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Pero no sólo nos encantaron los templos del lugar, sino que también tuvimos la oportunidad de visitar los pequeños pueblos pesqueros de la zona, donde sus sonrientes habitantes viven en chamizos de bambú. El impresionante río Ayeyarwadi es su principal fuente de ingresos y todos los miembros de la familia ayudan en las tareas de pesca.

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Otro de los días contratamos un taxi para ir hasta el Monte Popa, un importante lugar de peregrinación de los birmanos situado en lo alto de una roca. Sin duda, esta es la característica más destacable del lugar, junto a los cientos de monos que viven allí. Subimos los más de 700 escalones llenos de mierda de mono y extrañas tiendas de souvenirs para llegar hasta la cima y encontrarnos con aún más extraños templos.

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En definitiva, no nos aburrimos en los 4 días que pasamos explorando la zona. Eso sí, tuvimos algún que otro pinchazo en las bicis, uno de ellos, cómo no, cuando estábamos en el punto más alejado de nuestra ruta. Menos mal que tan sólo unos metros más adelante encontramos un taller que reparó el pinchazo en un momento.

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Bagan no dejó de sorprenderme desde que bajé del autobús y me dio un poco de pena irme, ya que me encantó la sensación de recorrer esa llanura repleta de templos con una bicicleta. Sin embargo, me esperaban nuevas aventuras en una zona completamente distinta, mi siguiente destino eran las montañas de Kalaw.

Posted by gacela 08:24 Archived in Myanmar Tagged templos estupas Comments (0)

Yangón

Llegada a Myanamar

rain 20 °C
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Tras mi corto, pero intenso, periplo por la India, llegó el momento de dirigirme a Myanmar (antes llamada Birmania). Llevaba mucho tiempo queriendo venir a este país, del que había oído tantas cosas buenas, así que ni siquiera me importaron las 12 horas que tuve que esperar en Bangkok entre mis vuelos. En la terminal del aeropuerto de Yangón ya me di cuenta de que estaba en un lugar diferente, todos los hombres llevaban falda!!!

Yangón, antigua capital del país y conocida en otra época como Rangún, me pareció una mezcla de ciudad colonial, con amplias avenidas y grandes edificios desvencijados, y pueblo grande, gracias a sus callejones llenos de puestecillos y a las tierras de cultivo de los alrededores.

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Las principales atracciones de Yangón son sus templos budistas, que me dispuse a visitar a la vez que me pateaba la ciudad. El primero en mi lista fue un templo que tenía un pelo de buda como reliquia. A la entrada del lugar podías comprar ofrendas de todo tipo, según tu devoción o presupuesto. Y una vez en el interior lo más curioso es que la estupa estaba hueca y podías caminar por dentro en una especie de laberinto dorado.

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Para mi desgracia, a media mañana el monzón decidió hacer acto de presencia y los chaparrones se alternaron con llovizna durante el resto del día. Así que, a pesar del paraguas, me calé hasta los huesos, pero yo perseveré en mi ruta por la ciudad y caminé por calles encharcadas, algunas de las cuales se asemejaban más a lagos que al centro de una gran ciudad. Y hablando de calles, aquí los coches conducen por la derecha (como nosotros), pero el volante en la mayoría de los vehículos se encuentra en el lado contrario, lo cual resulta de lo más peligroso. A los brillantes gobernantes birmanos se les ocurrió eliminar todos los signos del colonialismo después de la independencia, incluido cómo conducir, sin tener en cuenta el parque móvil del país ni el origen de sus coches importados. Así que ahora, por ejemplo, hay que subirse al autobús por el lado de la carretera.

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De esta manera, llegué hasta Shwedagon Paya, el monumento religioso más importante del país. La enorme estupa cubierta en pan de oro quedó un poco deslucida por la lluvia, que además hacía que el suelo de mármol fuese una trampa mortal. Aquéllo resbalaba que daba gusto y había que andar con muchísimo cuidado. Aparte del dorado que caracteriza las estupas en Myanmar, la última moda religiosa son las luces de neón a modo de halo en las cabezas de los Budas que presiden las zonas de oración. ¡Viva la tecnología!

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El mejor ejemplo de los cambios en la economía de Myanmar lo encontré en este monumento. Hasta hace apenas unos meses no había cajeros automáticos en el país y, ahora, puedes conseguir efectivo hasta en la misma Shwedagon Paya. No hay palabras para describir el asombro de encontrar un cajero entre las numerosas pagodas del lugar. Así nunca te falta dinero para dejar tu donativo.

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En definitiva, pasé un día muy completo en la ciudad, que disfruté a pesar de la lluvia. Sin embargo, me esperaban muchos otros lugares que explorar en el país y esa misma noche cogí un autobús rumbo a Bagan.

Posted by gacela 03:49 Archived in Myanmar Tagged templos ciudades estupas Comments (0)

55 horas en la India

O la manera más barata de viajar desde Nepal a Myanmar

sunny 40 °C
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Mi siguiente destino después de pasar unos meses increíbles en Nepal era Myanmar (antiguamente conocida como Birmania), pero como parece que soy incapaz de viajar como una persona normal, en lugar de coger un vuelo desde Katmandú decidí hacer una visita exprés al país vecino y volar desde Kolkata (antes conocida como Calcuta. ¡Vaya lío de nombres!). En fin, mi última parada en Nepal estaba a tan sólo 40 kilómetros de la frontera con la India, así que en un pispás me planté en otro país. Ya me avisó una emprendedora nepalí en el autobús de camino a la frontera, "India será más rica que Nepal, pero está más sucia y huele peor". No le faltaba razón a la mujer, a la que se le olvidó avisarme de que también hacía mucho más calor y había mucha más gente. Mi idea era llegar hasta Kolkata en un tren nocturno, pero con esa superpoblación, los 4 trenes que salían esa noche estaban llenos, así que tuve que optar por el autobús.

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Tenía toda la tarde por delante en la caótica y algo estresante Siliguri, así que fui a la oficina de turismo para que me recomendaran qué hacer. Todos los empleados de la oficina estuvieron de acuerdo en que lo mejor era ir al nuevo centro comercial (el único sitio con aire acondicionado) y, tal vez, ver una película allí. Lo del aire acondicionado me pareció estupendo, así que, con la ayuda de una amable mujer, logré subirme a un rickshaw motorizado (iban todos llenísimos y era un poco confuso saber a dónde se dirigían) que me dejó en la puerta. Elegir la película que ver no fue difícil porque el último hit de Bollywood se proyectaba cada hora, así que compré mi entrada y me dispuse a pasar 3 horas entretenida (y fresquita). Aunque no entendí casi ni una palabra de lo que dijeron, la peli era en hindi, me lo pasé bien haciendo mi propia película (la trama no era muy complicada) y viendo los bailes que salpican toda producción india.

De vuelta a la realidad, me subí a un autobús para pasar las siguientes 14 horas sentada junto a una mujer que no paraba de vomitar. Mientras el autobús circulaba a toda velocidad por las autopistas indias (hacía mucho tiempo que yo no veía una carretera así), la mujer sacaba la cabeza por la ventanilla. Así, el viaje se me hizo un poco largo, pero por la mañana ya estaba en Kolkata con 2 días por delante para explorar la ciudad.

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Kolkata me pareció una ciudad de grandes contrastes: por un lado, parece un sitio rico, con grandes avenidas arboladas y coches en buen estado circulando por ellas (casi todos conducidos por chóferes, incluso los más cutres tipo Suzuki Swift) y, por otro, se ve mucha miseria, con gente durmiendo en las aceras, incluso madres con niños pequeños, y con baños en mitad de la calle. Incluso en la calle más cara de la ciudad te encuentras que frente a la tienda último modelo de Apple se sientan los limpiabotas y gente vendiendo mecheros en el suelo.

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A pesar de los 40 grados a la sombra, opté por recorrer parte de la ciudad a pie (Kolkata me pareció infinita, extendiéndose kilómetros y kilómetros) y así, sin realmente proponérmelo, llegué hasta la casa de las hermanas de la caridad, donde vivió y ahora está enterrada Teresa de Calcuta (si alguien tiene algún interés, le puedo dar su medallita).

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También intenté visitar unos templos interesantes algo más lejos del centro y cual fue mi desilusión cuando descubrí que ambos estaban cerrados y no abrían hasta por la tarde. Sin embargo, todo es posible en este país y un amable celador accedió a abrirme la puerta de uno de ellos a cambio de una propina.

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El otro templo tuve que fotografiarlo a través de las rejas, pero aún así el paseo me resultó muy interesante, pues pude ver un barrio más humilde y mucho más tranquilo. Además, aproveché esta zona para degustar los famosos dulces bengalíes, que, además de ser extremadamente baratos, estaban buenísimos.

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Mejor no sigo con el tema culinario porque os iba a poner los dientes largos, ya que aquí se come de maravilla. Hay puestos callejeros por todas partes que sirven las más variadas combinaciones y todo está bueno. En todo caso, para finalizar mi pequeña ruta por Kolkata, me acerqué hasta el memorial de la reina Victoria, un edificio de mármol en mitad de un parque. El sitio estaba lleno hasta la bandera, como todos los recintos que había visitado hasta entonces sin importar la hora o el día de la semana. ¡Qué cantidad de gente en todas partes!

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Mis 3 días en la India fueron suficientes para hacerme una idea sobre esta zona del país y no estresarme demasiado con la multitud, el ruido y los olores. Ya estaba lista para explorar Myanmar.

Posted by gacela 04:34 Archived in India Tagged ciudades Comments (2)

Damak y alrededores

Despedida de Nepal

rain 35 °C
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Mi última parada en este periplo por Nepal ha sido en un lugar un tanto inusual, pues he pasado unos días en Damak, una pequeña localidad en el este del país sin ninguna atracción turística destacable. De hecho, creo que yo era la única turista que habían visto por allí en mucho tiempo. Supongo que yo tampoco habría parado en Damak si no hubiera sido por Kendra, una americana a la que conocí de trekking en los Annapurnas y que me invitó a conocer la zona.

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Y os preguntareis qué hace una americana viviendo en esta remota región de Nepal. Pues como la mayoría de los guiris establecidos en el país trabaja para una organización internacional, concretamente una dedicada a las migraciones. Os pongo en antecedentes: hace más de 20 años, el rey de Bután (para los que no andan muy finos en geografía, es un pequeño país en plena cordillera del Himalaya) decidió expulsar del país a todas las personas de origen nepalí, muchas de las cuales llevaban viviendo allí más de un siglo. Así, aproximadamente 80.000 refugiados acabaron en campos de Naciones Unidas en Nepal, que, por otra parte, se negó a acogerlos y darles la residencia.

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Y fueron pasando los años, en los que Nepal y Bután no lograron llegar a un acuerdo sobre qué hacer con esta gente, que, sin papeles, no podía abandonar los campos de refugiados y llevar una vida normal. Hasta que en 2007 Estados Unidos se ofreció a acogerlos. Entonces se montó un dispositivo para trasladarlos allí (y a otros países que se sumaron después a la oferta) y en eso están, enviando a butaneses a hacer las Américas. Así que ya veis, Bután, que se vanagloria de ser el único país que utiliza el índice de felicidad de sus habitantes en lugar del producto interior bruto (PIB), no tuvo reparos en echar por la fuerza a una décima parte de su población por no ser butaneses de pura raza.

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Como no había mucho que visitar en Damak y el tiempo tampoco me dio un respiro entre lluvias torrenciales y vientos huracanados, aproveché para reponer fuerzas, especialmente comiendo (¿quién puede resistirse a un delicioso, e infinito, plato de dal bhat diario por 60 céntimos de euro?) También me dio tiempo a explorar un poco la zona en bicicleta, disfrutando del llano que tanto escasea en Nepal, y, de esta manera, atravesé infinidad de arrozales, donde la gente me miraba un poco extrañada y los niños me saludaban entusiasmados.

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Otro día fuimos de excursión con el "coche de empresa" a una zona de montaña cercana. Ir en este todoterreno fue una experiencia extraña después de recorrer el país en ruidosos y desvencijados autobuses locales. Casi me daba la sensación de estar viendo el paisaje y a la gente a través de una televisión y no desde detrás de una ventanilla.

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En todo caso, el camino resultó ser precioso, atravesando primero una animada planicie, para después ir ascendiendo poco a poco por una montaña llena de plantaciones de té (es la zona nepalí fronteriza con la famosa Darjeeling india). Nuestro destino final era un lago más allá de las plantaciones, famoso por ser un lugar de peregrinación.

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Llegar hasta allí no fue tarea sencilla, ya que el último tramo de la carretera no estaba asfaltado y las lluvias habían convertido el camino en un barrizal complicado de transitar. Al final, nos llevó 5 horas alcanzar el lago y en varias ocasiones pensamos en dar la vuelta. Después de tanto esfuerzo (y tantas horas en el coche), tengo que admitir que el lugar nos decepcionó bastante. Era un lago como cualquier otro, aunque la lluvia y la niebla le dieran un aspecto un tanto tenebroso.

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En resumen, la última estación en mis aventuras por Nepal puede que no fuera el lugar más emocionante o con los mejores paisajes, pero me sirvió para aprender muchas cosas, descubrir cómo es la vida de los expatriados y conocer el día a día de un pueblo nepalí cualquiera.

Y, después de 3 meses en el país, llegó el momento de cambiar de aires y explorar otros lugares. Tengo que admitir que me fui con mucha pena de Nepal, que me ha parecido un lugar impresionante, donde lo mismo puedes caminar junto a las montañas más altas del planeta que visitar templos con siglos de antigüedad o pasar calor en una selva llena de animales salvajes. Vamos, que tiene un poco de todo y para todos los gustos.

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Posted by gacela 21:25 Archived in Nepal Tagged pueblos arrozales Comments (4)

Patan

sunny 30 °C

Después de daros la tabarra con una montaña detrás de otra, hoy toca un poco de cultura y espiritualidad con los templos de la plaza Durbar de Patan. La tercera de las plazas patrimonio de la humanidad en el valle de Katmandú se encuentra en Patan, a escasos kilómetros de la capital. De hecho, está tan cerca que la única separación física entre una ciudad y otra la constituye el río Bagmati y se puede ir caminando entre el centro de ambas localidades.

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La mayoría de los edificios actuales de la plaza datan del siglo XVII, aunque el lugar ya era un importante centro comercial mucho antes. Como en todas las plazas nepalíes, hay una mezcla de templos hindúes y budistas, donde la gente se encarama bien para orar, bien para sentarse y pasar el rato. En todo caso, se trata de un sitio muy concurrido y un excelente lugar para observar a la gente local.

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Además de la plaza principal, Patan cuenta con otros muchos templos desperdigados por su centro histórico. En uno de ellos se celebraba un festival el día que pasé yo por allí y pude comprobar con asombro cómo lo mismo hacían una barbacoa en una esquina del recinto que casaban a una tímida pareja en otra, mientras se prendían hogueras por todas partes.

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El templo dorado también me resultó curioso, con un ornamentada puerta custodiada por dos inmensos tigres y un interior realmente resplandeciente. Hasta las esculturas del patio interior eran doradas. Pero Patan no sólo cuenta con templos, sino que también es famosa por sus artesanos, especialmente orfebres, a los que te puedes encontrar trabajando en alguna de las calles secundarias del centro.

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En definitiva, Patan se trata de un lugar interesante para pasar el día y recorrer sus tranquilas calles del centro histórico visitando con calma plazas, templos y mercados. Y así se terminan mis historias en el valle de Katmandú y prácticamente en Nepal, ya que sólo me queda contaros mi breve experiencia en el este del país.

Posted by gacela 03:48 Archived in Nepal Tagged templos ciudades Comments (0)

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