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Circuito del Annapurna

Caminando entre las cumbres del Himalaya

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Resulta realmente complicado resumir más de 3 semanas de trekking en un único post y no os cuento nada sobre elegir entre las más de 1.500 fotos que he hecho por el camino. Para hacerlo un poco más asequible y no aburriros demasiado, voy a dividir el relato en 2 partes, que en realidad se corresponden con los 2 senderos que he enlazado. Así, hoy os voy a contar mis experiencias en el denominado Circuito del Annapurna.

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El macizo del Annapurna se encuentra en mitad de la cordillera del Himalaya y, para evitar confunsiones, casi todos sus picos se llaman Annapurna. El más alto es el Annapurna I, que, con algo más de 8.000 metros de altura, es la décima cumbre más elevada del mundo y fue el primer ochomil en ser escalado. El resto de Annapurnas se elevan entre los 7.200 y los 7.900 metros por encima del nivel del mar. Pero no son las únicas montañas que se pueden apreciar en el circuito, ya que, tanto a un lado como a otro del camino, te vas cruzando con picos nevados impresionantes.

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El recorrido del circuito bordea este macizo, cruzando la cordillera en el puerto de Thorong La, a 5.416 metros de altura. Se comienza a unos 1.000 metros sobre el nivel del mar y para llegar hasta el puerto se va caminando siguiendo cauce arriba el río Marsyangdi, a lo largo del valle del mismo nombre. Al principio del sendero, el río tiene un extraño color lechoso, que se va transformando en más transparente a medida que te acercas a su origen.

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Para empezar, tengo que admitir que no tenía intención de hacer este trekking, pero en la oficina donde se obtenían los permisos para ir por las montañas conocí a una chica holandesa que iba para allá, me pareció maja y pensé ¿por qué no? Mejor ir acompañada. De esta manera, al día siguiente nos dispusimos a emprender la aventura. Sin embargo, no empezamos con demasiado buen pie nuestras andanzas. Zu, que así se llamaba mi compañera, y yo nos subimos a un autobús local que debía llevarnos hasta el comienzo del camino y después de 2 horas de movido trayecto (menudos saltos dábamos en cada bache), el bus se paró en mitad de la carretera. Por suerte no se trataba de una avería, pues ningún vehículo se movía. 3 horas después seguíamos allí y ya pensábamos que tendríamos que dormir en mitad de la nada, cuando el autobús se dio la vuelta y regresamos a la ciudad de partida. Por lo que parece había habido un accidente y un policía había matado a alguien (o algo así) y entonces habían cerrado la carretera (no os creáis que una carreterilla secundaria sino la que une el oeste del país con Katmandú). En todo caso, primer intento de llegar a las montañas fallido.

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El día siguiente fue mucho más productivo y, tras 6 extenuantes horas por carreteras de montaña, llegamos al pueblo en el que comenzaba el sendero. Una vez allí, descubrimos que podíamos coger otro autobús y ahorrarnos un día de caminata. En este caso, la carretera era un camino de cabras por el que nunca me hubiese imaginado que un autobús podría circular. Tardamos casi 3 horas en recorrer apenas 15 kilómetros y acabamos con los huesos descoyuntados, pero listas para comenzar nuestras aventuras por el Himalaya. Nos encontrábamos en un pequeño pueblo rodeado de terrazas de cultivo y nos costó una hora de escarpada subida llegar hasta nuestro primer alojamiento en el camino.

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Caminar por esta zona de Nepal es extremadamente sencillo, pues sólo debes seguir un sendero que va de pueblo en pueblo. En cada asentamiento hay restaurantes y hoteles, por lo que no tienes que preocuparte de cargar con tienda de campaña, comida o agua. Además, entre un pueblo y otro nunca hay más de un par de horas de caminata, con lo que si te cansas o te entra el hambre, puedes parar en cualquier momento.

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Por otro lado, el sistema de alojamiento es un tanto peculiar, pues los hoteles te ofrecen habitación gratis o por el simbólico precio de un euro siempre que cenes y desayunes con ellos. Por supuesto, la comida es mucho más cara que en cualquier otro sitio del país (hasta 4 veces más), pero también es verdad que tienen que transportar la mayoría de los productos en burro. Y, así, por el camino te cruzas con caravanas de burros que hacen la misma ruta abasteciendo a los diferentes pueblos. Hay que tener cuidado con estos robustos animales, pues no se andan con chiquitas y si no te apartas, te puedes llevar un buen empujón.

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Durante nuestros primeros días de caminata, el tiempo fue consistente: soleado por las mañanas, mientras que a partir del mediodía una nube se posaba sobre nosotras cubriendo el cielo y descargando algo de agua un poco más tarde. Por este motivo (y porque realmente no había nada que hacer en las frías noches, además de charlar y jugar a las cartas) nos acostábamos pronto, realmente pronto, pues a las 9 ya estábamos sobando, y nos levantábamos cada día en torno a las 6 de la mañana. De esta manera, cuando el sol ya empezaba a calentar, a eso de las 8, nos poníamos en marcha.

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Fue especialmente gratificante ver el sol una mañana después de que nos cayese una nevada impresionante la tarde anterior, bajo la cual estuvimos caminando un par de horas. No pudimos apreciar nada del paisaje en esa ruta, pero los árboles estaban preciosos mientras caían los copos de nieve y al día siguiente las vistas fueron increíbles.

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Los habitantes de esta región de Nepal son en su mayoría budistas y todo el trayecto se encuentra salpicado de símbolos y edificios religiosos. Una pagoda por aquí, un monasterio por allá, unas banderas tibetanas más adelante,... Todas ellas le dan al sendero un toque diferente (y, además, quedan genial en las fotos!)

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También nos encontramos por el camino unas zonas llenas de piedras decoradas, que todavía nos estamos preguntando qué significan. Cada piedra, y había muchas, tenía una especie de inscripción muy elaborada en letras de colores.

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Y de esta manera, paso a paso llegamos hasta Manang, el pueblo más importante de la zona. Ya habíamos ascendido hasta los 3.300 metros por encima del nivel del mar y, como recompensa, nos dimos la tarde de descanso. Aprovechamos para hacer algunas compras (había que reponer chocolate y hacerse con un gorro calentito) e ir al cine. Esta fue una experiencia digna de contar, pues la pequeña sala tenía una estufa para calentar a las 20 personas que cabían en los bancos corridos situados frente al proyector. Además, la entrada incluía una bolsa de palomitas y una taza de té, perfectas para disfrutar de "7 años en el Tibet", la película de Brad Pitt que llevan proyectando sin interrupción los últimos 15 años.

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Tras nuestro paso por Manang decidimos hacer una excursión alternativa de 3 días al lago Tilicho. Una ruta impresionante, pero algo complicada, como descubrimos a mitad de trayecto. Para empezar, tuvimos que caminar hasta los 4.000 metros de altura, con lo que notamos la falta de oxígeno cuando más lo necesitábamos al ir montaña arriba. Pero esto no fue lo peor, pues había una zona con riesgo de avalancha, que daba miedo sólo con mirarla. Esta zona tenía una caída de unos 200 metros casi en vertical y se atravesaba por un diminuto sendero en mitad del cortado. Además, había que estar pendiente de que no te cayese una roca en la cabeza, que bajaban a una velocidad de vértigo empujadas desde arriba por el viento o por alguna cabra loca. En fin, espero que las fotos os den una idea, pero casi pierdo a mi compañera de viaje, que se acojonó lo indecible. Hasta te daban las gracias al final del recorrido, nunca supimos muy bien si era agradecimiento por no haberte resbalado y acabado en el fondo del valle o por decidir hacer esa caminata.

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Eso sí, cuando llegamos al refugio, nos encontramos rodeadas de picos impresionantes. Si el trayecto hasta aquí había sido bonito, no hay palabras para describir este lugar en pleno corazón de la cordillera del Himalaya, con el imponente pico Tilicho (7.134m) casi al alcance de la punta de los dedos.

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Aquí hicimos noche y a la mañana siguiente nos dispusimos a subir otros 1.000 metros de altura para llegar hasta el lago. Sin embargo, Zu pronto abandonó la idea y regresó para descansar el resto del día. Todo estaba congelado por la mañana, hasta el río que bajaba de las montañas. Y fui ascendiendo sola poco a poco, ya que el oxígeno a estas alturas no daba para mucho más. Se trata de una sensación muy extraña cuando tus piernas se encuentran en plena forma, pero te cuesta avanzar porque no te llega el aire.

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A mitad de camino, el sendero empezó a cubrirse de nieve, con algunos tramos cortados que daban un poco de miedo. Cuando llegué a los 5.000 metros era todo un manto blanco a mi alrededor. Tras 5 horas de caminata, me encontraba muy cerca del lago Tilicho, pero en el último tramo hacía un viento horrible y había que caminar por un cortado helado. Me pareció realmente peligroso, especialmente estando sola, ya que con un pequeño resbalón acababas al pie de la montaña varios metros más abajo, así que (a pesar de que mi madre piense que soy una inconsciente), me di la vuelta y regresé al refugio. Por lo que me comentaron después, estaba a unos 10 minutos de alcanzar el lago y, aunque no pude ver el famoso Tilicho, las vistas del camino fueron más que suficientes para compensar la paliza del día.

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En otro larguísimo día, nos llevó 9 horas de caminata llegar hasta el siguiente destino, retomamos el sendero principal. Resultó más duro de lo esperado porque tuvimos que bajar una montaña para cruzar un río y luego volver a subir en la otra orilla. Además, algunos tramos eran muy empinados y estaban cubiertos de nieve, con lo que, aún a costa del ridículo, los bajamos haciendo culo-ski.

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Para cruzar de una orilla a otra del río principal, así como de otros más pequeños con los que nos habíamos encontrado en nuestros días de caminata, el circuito cuenta con unos puentes colgantes de hierro. Parecían realmente sólidos, pero ello no impedía que me temblaran las piernas cada vez que tenía que pasar por uno. Siempre esperaba a que no hubiera nadie más en el puente y aún así me parecía que aquéllo se movía demasiado. Además, las planchas del suelo eran de rejilla y podías ver a través de ellas el río debajo de tus pies. Yo intentaba mirar al frente y centrarme en el final del camino, pero siempre acababa suspirando aliviada cuando llegaba al otro lado.

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Por otro lado, en este último tramo del camino nos encontramos con interesantes animales. Los más representativos de estas latitudes son los yaks, que tienen colores variados y unas caras de mala leche a la que no ayudan sus cuernos. Sin embargo, son inofensivos, aunque no se les permite bajar a los pueblos porque se zampan todo lo que se les pone por delante.

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También son abundantes las llamadas cabras azules del Himalaya, que serán cabras, pero a mí me parecían más bien ciervos. En todo caso, por allí andan pastando a sus anchas, ya que su único depredador es el leopardo de las nieves (de éste, por otro lado, ni rastro en todo el camino).

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En el apartado aves, pudimos disfrutar con el vuelo de águilas y buitres enormes con las montañas de fondo y también con algún que otro pajarillo más pequeño, pero mucho más colorido.

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Después de 10 días de senderismo sin descanso, nos dispusimos a afrontar los últimos kilómetros cuesta arriba del camino y cruzar el famoso puerto. Salimos a las 6 de la mañana, cuando el sol empezaba a despuntar por detrás de las montañas. Hacía un frío que pelaba y cada paso nos pesaba como si tuviéramos piedras en las piernas.

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De esta manera, fuimos avanzando lentamente por la montaña. Al poco, la nieve lo cubría todo y caminar se hizo aún más complicado. Eso sí, las vistas me dejaron sin aliento (o tal vez fue la falta de oxígeno). El caso es que me dediqué a hacer fotos en todas direcciones y no sabría decir qué lado era más impresionante.

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A pesar de la belleza del paisaje, al cabo de unas horas ya estaba deseando llegar al paso de montaña. Me sentía como si estuviera subiendo el Everest y aquéllo no parecía tener fin. Al llegar a la cima, no me podía creer que estaba a 5.416 metros de altura! Pero el viento helado que soplaba pronto se encargó de recordarme que quedarse allí mucho rato no era buena idea.

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A la que esperaba a Zu en el puerto, me intenté calentar en un pequeño garito que había allí montado. El chocolate caliente que me pedí, con el objetivo principal de calentarme las manos, se quedó congelado en menos de 2 minutos y yo iba por el mismo camino cuando apareció mi compañera. Ya sólo nos quedaba bajar la montaña, 1.600 metros de desnivel que recorrimos a buen ritmo, primero descendiendo por la nieve y luego por un empinado sendero lleno de barro. Cuando llegamos a la ciudad situada al otro lado del macizo no nos podíamos ni mover, habíamos tardado 11 horas en llegar hasta allí y no nos quedaban energías ni para pedir la cena.

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Al día siguiente me despedí de Zu, que ya había tenido suficiente caminata para una vida entera, y continué el sendero sola. A este lado del macizo del Annapurna hay una carretera que une con la red principal, por lo que es posible coger un autobús de vuelta a la civilización. Después de un día caminando junto a la polvorienta carretera, que a última hora se convirtió en un lodazal por la lluvia, desee haberme subido al bus con Zu.

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Aún así, pasé por unos pueblos preciosos, en los que las escasas zonas de cultivo ponían una pequeña nota de color en el árido suelo de los alrededores. Esta región de Nepal se llama Mustang, hace frontera con Tibet y es necesario un permiso especial para poder explorar la zona más allá del circuito establecido por la carreta.

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Cansada, mojada y harta por el constante ir y venir de jeeps y autobuses, tomé la determinación de no seguir caminando por esa maldita carretera. Así, pasé una noche en Jomson, la capital de esta zona, y a la mañana siguiente cogí un autobús hasta Tatopani. El trayecto en transporte público por esta carretera resultó casi más cansado que caminar. Dábamos botes constantemente y el conductor tenía que hacer malabares cada vez que nos cruzábamos con otro vehículo.

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A mitad de camino, hubo que hacer transbordo y, a pesar del empeño del encargado en que los guiris cogiéramos un jeep, nos negamos y acabamos en un autobús lleno hasta la bandera, donde los locales nos miraban algo extrañados. En varias ocasiones, el autobús tuvo que pararse por la avería de algún otro vehículo que bloqueaba la carretera. Una vez estuvimos más de media hora parados esperando a que un bus cambiase una rueda, cosa que finalmente no consiguió y acabó echándose a un lado para que la fila de buses que esperábamos pudiéramos pasar. En fin, toda una aventura.

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Eso sí, el paisaje por el camino no tuvo desperdicio. Descendiendo por el valle, fueron apareciendo un pico nevado tras otro, a cual más bonito. Los pueblos también se fueron sucediendo y a cada kilómetro parecía que se iban multiplicando los campos de cultivo. Una verdadera maravilla, que amenizó las 8 horas que tardamos en recorrer los 45 kilómetros que separan Jomson de Tatopani.

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Una vez en Tatopani, me tocó relajarme y recuperar energías para continuar mis aventuras por el Himalaya. Primero, hice una visita a las aguas termales del pueblo. El remojo calentito le sentó de miedo a mis músculos, al igual que el día de descanso siguiente, en el que me limité a comer, leer y volver a comer.

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Ya estaba preparada para continuar con el camino, pero esa parte de la historia tendréis que leerla en la próxima entrega. Espero no haberos aburrido demasiado con este larguísimo, y algo caótico, post y que os hayáis hecho una idea de las maravillas con las que me encontré durante estos interesantes días de senderismo.

Posted by gacela 03:17 Archived in Nepal Tagged himalaya montañas paisajes

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Comments

Estoy por comprarme un billete de avión a Nepal ahora mismo. Tremendo post y tremendo lugar...

by Luis

Estoy por ir ahora mismo a Nepal, para que te vengas conmigo. Besitos tu Madre y por supuesto Padre

by Milagros/Pepe

La verdad es que Nepal es una pasada. No hay palabras para describir las montañas del Himalaya... 3 meses aquí se me van a hacer cortos ;-)

by gacela

ojiplática me dejas!! La tal Zu, creo que no te va a volver a llamar en la vida!! jajaja....me he agotado yo con solo leerte!!
A seguir disfrutando y me gusta ese puntito de responsabilidad que te sale de vez en cuando je.
besos.

by sopa

Pues si que da un poco de canguis ir sóla por las cumbres nevadas esas ... LLevarás yesca para encender fuego y hacer señales de humo por si no va el móvil no?
Por lo demás, sin palabras.
muchos besos

by Amaya

Diiioos!!, q se me han puesto los pelos de gallina leyendo el posts...yo me cago viva!!!. Siempre lo he dicho y lo seguire diciendo...eres una maquina con los ovarios....de q siii. Un posts q te deja sin palabras. Un besazo fuerte...

by pini

Menudo post. Ya no eres ni turista, ni viajera. Eres aventura en estado puro. Me a encantado esta aventura.
Smuack

by Tania

Muchas gracias por los comentarios!! A mí no me parece que tenga mucho mérito, sólo hay que ponerse a andar... Como parece q os ha gustado mucho esta zona de Nepal, creo que os va a encantar cuando os cuente mis aventuras por el Everest...

by gacela

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