A Travellerspoint blog

September 2012

Malang y el volcán Bromo

sunny 25 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

Como ya os adelanté en el anterior post, después de subir al volcán Ijen, y habiendo dormido sólo un par de horas, me subí en un coche con destino a Malang. No tenía ni idea sobre mi nuevo destino, pero mis compañeros de viaje me aseguraron que era una ciudad tranquila con edificios coloniales desde donde salían tours para visitar el volcán Bromo (o eso decía la Lonely Planet).

Supongo que el autor de la guía y yo tenemos un concepto distinto de tranquilidad, pues para mí Malang es una ciudad bulliciosa, como todas en Java, donde salir a dar un paseo implica arriesgar la vida unas cuantas veces como consecuencia de la falta de aceras y de semáforos. En cuanto a los edificios coloniales holandeses, debían estar escondidos porque me fue imposible localizarlos, aunque también es verdad que no me empeñé mucho. Así que, lo que más me gustó de la ciudad fue un templo chino, en el que un señor muy amable me explicó los distintos altares y las celebraciones que llenaban el calendario del templo, que también hacía las veces de centro cultural.

SAM_2372.jpgSAM_2376.jpg

También pasé una tarde muy entretenida en el parque de la ciudad, que al atardecer se llenó de mini-puestos de comida ambulante y otras atracciones (como este casero pesca-el-pato hecho con una piscina de plástico) dirigidas a los fieles que salían en tropel de la mezquita a esa hora. No en vano, estábamos en pleno ramadán y la caída de la tarde era momento de celebración.

SAM_2388.jpg

Después de mi intenso día explorando la ciudad, esa noche me uní a un tour para visitar el famoso volcán Bromo, uno de los más activos del mundo. A las 2 de la mañana pusimos rumbo a la montaña y cual fue mi sorpresa al descubrir que deshacíamos el camino por el que yo había llegado día y medio atrás. En total, 2 horas y media hasta que tomamos un desvío hacia la zona volcánica. Yo no entendía nada porque había una zona mucho más cerca de la ciudad para ver el volcán, pero como no pregunté al contratar el tour, tampoco podía quejarme. En fin, tras pasar la noche en la carretera, llegamos al punto desde donde íbamos a ver el amanecer. Hacía mucho frío, pero aguantamos estoicamente mientras el sol iba saliendo poco a poco por detrás de las montañas.

SAM_2401.jpgSAM_2420.jpg

Mientras tanto, en el lado opuesto se iban perfilando las siluetas de varios volcanes. Cuando, por fin, el sol iluminó el paisaje aquéllo parecía una postal sacada de la luna. Todo el valle en ese lado estaba cubierto de ceniza y tenía un triste color gris. Me dispuse a echar un vistazo al cráter del Bromo, para lo cual tuve que ascender entre las nubes de polvo que levantaban los turistas que optaron por subir a caballo. Una vez en el borde del cráter, había un intenso olor a azufre y se podía divisar el burbujeante fondo del volcán. Un poco decepcionada y sin nada más que hacer en la zona, pusimos rumbo de vuelta a Malang, desde donde yo cogía un tren esa misma tarde.

SAM_2411.jpgSAM_2422.jpg0493A5AF2219AC68174F1A9D3D4A8ABA.jpg

En definitiva, ir hasta Malang no ha sido de mis mejores ideas, aunque de esta manera he podido ver una ciudad donde el turismo no forma parte de la vida diaria de sus habitantes. Aquí nadie intentó cobrarme de más en ningún momento, a pesar de no entendernos del todo, y, como siempre en este país, todo el mundo con el que interactúe me recibió con una sonrisa.

Posted by gacela 23:50 Archived in Indonesia Comments (0)

Kawah Ijen

Bajada a los infiernos

sunny 15 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

Mi intento de pasar unos días en una playa balinesa, alejada de las montañas por una vez, no tuvo ningún éxito, pues después de recorrerme todo el pueblo de arriba a abajo fui incapaz de encontrar alojamiento a un precio razonable. Así que, igual de rápido que había llegado, me fui con mis bártulos a otra parte, concretamente dejé atrás Bali, crucé el estrecho del mismo nombre y me planté en Java.

SAM_2289.jpg

De esta manera llegué a Banyuwangi, una ruidosa ciudad sin ningún encanto, pero punto de partida de las expediciones al volcán Ijen. Aquí opté por una excursión nocturna al volcán y no me arrepentí de la decisión, a pesar de que el tour comenzó a la 1 de la madrugada. Sin poder parar de bostezar, recorrimos en todoterreno los 50 kilómetros que nos separaban de la base de la montaña, lo que nos llevó un par de horas, así que os podéis imaginar el estado del camino. A eso de las 3 y media de la mañana, en plena noche cerrada y con un frío de muerte comenzamos la ascensión a la montaña. Veíamos lo justo para poder caminar, pero no teníamos ni idea de dónde nos estábamos metiendo. Tras una hora y media de camino llegamos al borde del cráter del volcán y divisamos en el fondo unas luces azules. Hacia allí nos dirigimos flipados por los colores azulados que salían de la montaña. Era el denominado fuego azul, provocado por el azufre líquido al quemarse, y que sólo se puede apreciar por la noche.

A07015962219AC681772421C448C1B0F.jpgSAM_2311.jpg

Descendimos, todavía de noche, hasta la mina de azufre de donde provenía el fuego azul y donde unos pocos mineros se afanaban en recoger enormes pedazos de azufre. El olor allí abajo era insoportable, aún con las mascarillas, especialmente cuando el viento lanzaba los gases en nuestra dirección, aunque no parecía molestar a los mineros, que sólo paraban para conseguir algún que otro cigarrillo de los turistas y fumárselos (supongo que la nicotina es el menor de sus problemas). Por otro lado, el lago volcánico creado en la caldera del volcán tenía un color azul irreal, generado por la cantidad de azufre del lugar. Y así comenzó a amanecer lentamente haciendo desaparecer el azul de los fuegos, pero ofreciéndonos en contraprestación unas vistas del cráter en cuyo fondo nos encontrábamos.

SAM_2328.jpgSAM_2339.jpg

Una vez que los mineros sacan los trozos de azufre picando en el suelo, llega la parte jodida: transportar el material fuera del cráter. Este transporte se hace en unas cestas de mimbre unidas por un palo de bambú y que transportan al hombro. Los mineros cargan entre 50 y 80 kilos en las cestas y hacen normalmente 2 viajes al día, ganando de esta manera la pequeña fortuna de 10€ al día. En fin, unas condiciones de trabajo muy duras, que se reflejan en sus caras y sus cuerpos, sin un gramo de grasa.

SAM_2353.jpgSAM_2345.jpg

En el camino de vuelta al todoterreno pudimos apreciar con la luz del día el sendero por el que habíamos caminado la noche anterior (todo parece tan diferente cuando ves por donde andas) y, por supuesto, disfrutar de la panorámica del volcán y su lago desde lo alto.

SAM_2355.jpgSAM_2361.jpg

Las vistas hacia el otro lado tampoco estaban nada mal. Nos encontrábamos por encima de las nubes, cuyo manto se desplegaba kilómetros y kilómetros, sólo interrumpido por los picos de otros volcanes que sobresalían entre el blanco.

SAM_2359.jpgA08735FA2219AC6817F33745DCD346C9.jpg

Ese mismo día, que creo que ha sido el día más largo de la historia, me uní al plan de una pareja de holandeses de mi grupo que había alquilado un coche con conductor y llegamos hasta Malang, donde nos plantamos a última hora de la tarde, tras 7 horas de coche por una carretera de doble sentido y tráfico infinito. En todo caso, las aventuras en Malang las dejo para el siguiente post.

Posted by gacela 04:13 Archived in Indonesia Tagged java montañas volcanes Comments (0)

Munduk

En mitad de las montañas balinesas

all seasons in one day 20 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

Después de mi paso por la isla de Lombok, con su impresionante volcán, regresé a Bali y me dirigí a Munduk, un pequeño, por no decir diminuto, pueblo en mitad de la montaña. En esta ocasión, el trayecto en ferry entre las islas fue de lo más movido, el barco se balanceaba de un lado a otro sin parar y caminar por la cubierta era casi misión imposible, así que tomé ración doble de biodramina y eso me ayudó a mantener el almuerzo en el estómago. Eso sí, la sobredosis no debe ser muy buena porque cuando se me pasó el efecto, varias horas después, empezó a moverse todo a mi alrededor y esa extraña sensación tardó sus buenos 15 minutos en pasarse. No sé qué es peor, si marearse en el barco o luego en tierra firme.

En todo caso, llegué a Munduk en una mototaxi, es decir, de paquete en una scooter (la única opción con un precio aceptable) y el sitio me pareció precioso. El pueblo no tiene nada destacable, es literalmente una calle con unas 20 casas, pero las vistas a ambos lados son increíbles. Nunca antes había estado en una montaña desde donde pudiera ver la puesta del sol en el océano, lo cual es perfecto para mí porque evité tener que acercarme a la arena o al agua!

SAM_2171.jpgSAM_2174.jpg

Los alrededores de Munduk son verdísimos y al día siguiente me dispuse a explorarlos. De esta manera, visité un par de cascadas y en el camino me crucé con varias plantaciones de café (y unos cuantos perros guardianes, de los que intenté mantenerme alejada). A pesar de estar en plena montaña hacía un calor pegajoso que empapó mi ropa de sudor en los primeros 5 minutos de caminata.

SAM_2178.jpgSAM_2183.jpg

Al día siguiente alquilé una moto, con la que casi me recorro medio Bali. Primero, tuve que bajar la montaña en la que estaba Munduk, que tenía infinitas curvas, pero también unas vistas interesantes de uno de los lagos más grandes de la isla.

SAM_2191.jpg

Por si no os lo había comentado antes, conducir en Indonesia es un poco complicado, en tanto que el tráfico es horrible y apenas hay señales que te indiquen por dónde debes ir. Total, que mi intento de llegar a un templo escondido entre montañas, acabó en uno de los templos más turísticos de Bali y junto al mar, Tanah Lot. Para llegar hasta el templo es necesario atravesar 200 metros de tiendas de souvenirs, ¡qué sitio más espiritual! En todo caso, las vistas con el mar de fondo no estaban mal del todo.

SAM_2200.jpgSAM_2219.jpg

Dejé atrás las hordas de turistas y me propuse encontrar el templo entre montañas. Acabé preguntando en cada esquina y cada desviación y por el camino me encontré con arrozales increíbles. El trayecto merecía la pena en sí mismo, con vistas como éstas:

SAM_2234.jpg1SAM_2239.jpg

Conduje la motillo por carreteras estrechas, por una vez sin tráfico, y por caminos llenos de piedras (a cualquier cosa llaman carretera) y, por fin, llegué a Pura Luhur Batukao, el templo que me había llevado todo el día encontrar. Aquí sí que se respiraba un aire de tranquilidad propio de un templo hindú. La vegetación parecía querer tomar posesión del templo, con musgo invadiendo cada roca de los altares colocados en mitad de esta selva.

SAM_2279.jpgSAM_2274.jpg

Para variar, había más fieles que turistas y las ofrendas se extendían por todo el recinto, lo que me hizo preguntarme de dónde venía la gente que dejaba las ofrendas, estando el pueblo más cercano a 5 kilómetros. En conclusión, el templo me encantó y me hizo olvidarme del esfuerzo que supuso llegar a este remoto lugar.

SAM_2284.jpgSAM_2265.jpg

Lo peor de llegar hasta aquí era que todavía tenía que regresar a Munduk y estaba ya un poco harta de la moto. Me había pasado todo el día conduciendo y me dolían los brazos. El último tramo se me hizo un poco pesado, pero llegué a mi pueblo con las últimas luces del día y completamente agotada. Ya era hora de abandonar las montañas y poner rumbo a otros destinos.

Posted by gacela 09:01 Archived in Indonesia Tagged bali montañas templos cascadas Comments (0)

Subida al monte Rinjani

y una pequeña parada en la isla Gili Air

sunny 25 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

Tras mis días en las montañas balinesas, decidí cambiar de aires y relajarme en una pequeña isla cercana. Mi vecino de bungalow en Ubud, Olivier, se apuntó al plan y juntos pasamos un día entero viajando para llegar hasta Gili Air, la más pequeña de las 3 que componen el archipiélago Gili. A las 7 de la mañana un minibús pasó a recogernos para llevarnos hasta la costa, donde nos subimos a un ferry, que tardó 5 horas en cruzar el estrecho que separa las islas de Bali y Lombok. Allí, otra furgo nos trasladó a otra zona, donde nos subimos a una barca que nos dejó en Gili Air unas 12 horas después de haber empezado el viaje. Espero que no os estéis liando mucho con tanta isla, pero hay unas 17.000 en Indonesia, así que todo está en una isla, más grande o más pequeña.

No puedo decir que Gili Air me haya impresionado demasiado, aunque también es verdad que no hice mucho allí. Mi único intento de meterme en el agua se saldó con unas púas de erizo marino en el pie (menos mal que mi compañero de viaje tenía todo el instrumental necesario para curarme), por lo que no insistí en bucear en la zona (o acercarme mucho al agua), así que me perdí lo que todo el mundo considera un lugar increíble para ver corales y pececillos de colores. En fin, otra vez será. Por otro lado, las playas de la isla tampoco me parecieron nada del otro mundo, aunque en las fotos hayan quedado bastante bien. En resumen, una experiencia un poco decepcionante.

SAM_1974.jpgSAM_1979.jpg

Después de la isla, me centré en el motivo por el que realmente había venido hasta Lombok: subir al monte Rinjani. Tras despedirme de Olivier, fui hasta uno de los pueblos en la falda de la montaña y allí pasé una tarde explorando los alrededores. El lugar más significativo del pueblo son unas cascadas, muy populares entre los locales para ir de picnic y darse un baño (literalmente, con jabón incluido). La zona de picnic estaba bastante sucia, con basura por todas partes (algo bastante común en Indonesia pues todo el mundo tira los papeles y cualquier otro tipo de basura al suelo sin ningún tipo de miramiento), pero la caída del agua era chula y luego había un sendero interesante. Sin embargo, lo que más me impactó fue el tratamiento que me ofrecieron los indonesios: cada grupo con el que me crucé se desvivían por hacerse una foto conmigo, como si no hubieran visto una guiri en su vida. En fin, que me sentí como una estrella de cine, retratada sin cesar con móviles de última generación.

SAM_2008.jpg1SAM_2011.jpg

A la mañana siguiente comenzó el ascenso a la montaña. Éramos 8 personas en mi grupo y contábamos con un guía y 3 porteadores, que también hacían las veces de cocineros. Cada uno cargaba unos 30 kilos en la espalda, mediante 2 cestas unidas por un palo de bambú, que parece la manera más incómoda de cargar peso, pero que ellos llevaban de la manera más natural montaña arriba y abajo. Para colmo, todos iban en chanclas de dedo, que no se me ocurre un calzado menos apropiado para el desnivel que había y la cantidad de piedras y rocas. Por otro lado, no puedo dejar de mencionar que nos cocinaron unas comidas riquísimas en estos 3 días de senderismo: sopa de fideos unos días, arroz frito otros, huevos y hasta pollo frito!

SAM_2034.jpgSAM_2147.jpg

De esta manera, empezamos a subir la montaña rodeados de un bosque que parecía sacado de un cuento de hadas. Estábamos en mitad de una nube, lo que unido al calor y el esfuerzo de la subida hizo que acabáramos completamente empapados ya en la primera parada, sólo un par de horas después. En este tramo vimos los primeros monos, que jugaban en las ramas de los árboles. Los primates nos acompañarían en todo nuestro recorrido, especialmente presentes cuando había comida de por medio.

SAM_2037.jpg

Por desgracia, no éramos el único grupo que se había lanzado a la aventura en el Rinjani y el sendero casi parecía la Gran Vía, con turistas subiendo y bajando, más sus respectivos guías y porteadores. Supongo que esta multitud o, tal vez, la falta de planificación de las empresas turísticas es responsable de que el camino esté lleno de desperdicios. Por un lado, envoltorios en cada esquina (los guías y porteadores no se empeñan demasiado en recoger) y, por otro, deshechos orgánicos (mierda, para entendernos), pues no hay baños y la gente hace sus necesidades donde puede. En fin, un verdadero asco, sobre todo, en los campamentos.

Volviendo a la subida, tras otro buen rato de caminata y muchos sudores, dejamos atrás el bosque y, poco después, nos plantamos encima de la nube. Sin duda, agradecimos el sol, que secó nuestras camisetas y, además, en la altura disfrutamos de unas vistas preciosas del manto de nubes que acabábamos de cruzar.

SAM_2060.jpg

Y así llegamos hasta el primer campamento de la ruta, en el borde mismo del cráter del volcán Rinjani. No sé si lo podéis apreciar en la foto, pero nuestras tiendas son las naranjas que se ven en la derecha. En todo caso, el sitio era simple y llanamente increíble. Para añadir dramatismo al lugar, en la caldera del volcán había un lago de colores imposibles ¡con otro volcán dentro! Una visión impactante, donde el extraño azul del agua contrastaba aún más con el negro del volcán. Eso sí, en cuanto desapareció el sol por el horizonte, hacía una rasca horrible, que nos hizo meternos en las tiendas enseguida.

SAM_2079.jpgSAM_2075.jpg

A la mañana siguiente me desperté con una desagradable sorpresa, un bichito se había dedicado por la noche a picarme por todas partes, especialmente en el cuello, que se me hinchó muchísimo. Para que os hagáis una idea, la gente que se cruzaba conmigo me preguntaba qué me había pasado. Menos mal que no tenía espejo y que, además, había un médico en uno de los grupos que me reafirmó en mi autotratamiento de antihistamínicos y en que no podía hacer mucho más. En fin, que me pasé todo el día luchando por no rascarme, primero, mientras bajábamos hasta el lago del cráter, donde nos dimos un chapuzón en unas aguas termales cercanas. El agua salía hirviendo de entre las rocas y olía a mil demonios, pero después de día y medio de caminata, sudando y sin ducharnos, nos pareció el lugar más maravilloso del mundo.

1SAM_2100.jpg1SAM_2102.jpg

Después, volvimos a subir, hasta llegar lo más cerca posible de la cima del Rinjani y aquí hicimos noche, de nuevo con vistas al lago. Esa tarde el atardecer fue espectacular, con vistas de la montaña más alta de Bali (Agung) entre las nubes.

SAM_2114.jpgSAM_2126.jpg

Y a las 3 de la mañana estaba previsto comenzar el ascenso a la cima, para llegar con las primeras luces del alba. Cuando llegó el momento de levantarse hacía un viento y un frío de la muerte, así que decidí quedarme durmiendo y reservar fuerzas para la vuelta. Por lo que después me contaron los valientes que fueron, tomé la decisión adecuada. La mayoría del grupo se quedó a mitad de camino porque hacía demasiado viento y el sendero era peligroso. Sólo dos llegaron hasta la cima, junto con otro par de locos de otros grupos, y casi mueren en el intento. Además, luego había que caminar otras 6 horas montaña abajo para llegar hasta el pueblo más cercano.

1SAM_2131.jpgSAM_2129.jpg

Tras 3 intensos días de caminata y con unos paisajes preciosos guardados para siempre en la retina (bueno y en la memoria de la cámara), se acabaron mis aventuras en Lombok. Nuevas montañas me esperaban en mi siguiente destino: Munduk.

Posted by gacela 07:21 Archived in Indonesia Comments (3)

Ubud

Arrozales en las montañas balinesas

overcast 22 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

Ubud es un pequeño pueblo situado entre montañas en el centro de la isla de Bali, que se hizo con un hueco en el mapa cultural y turístico de Indonesia cuando en los años 30 se empezaron a instalar aquí artistas europeos. Desde entonces el lugar es centro de inspiración de pintores y escultores, tanto locales como extranjeros, y hay una galería de arte prácticamente en cada esquina. Además de la parte artística, que también incluye bailes tradicionales, Ubud atrae a multitud de turistas por su clima, mucho menos caluroso que en las zonas playeras, su ambiente relajado y sus arrozales. Y aquí pasé 5 días de lo más tranquilos, en los que, como veréis, hice un poco de todo.

Para empezar, recorrí algunos de los templos que pueblan el lugar, que son infinidad, ya que no sólo hay grandes templos en los que se reúne la comunidad, sino que cada casa cuenta con su propio mini-templo. La construcción clásica consiste un gran patio central al que se accede de la calle a través de un dintel de piedra adornado con diferentes motivos, algunos de ellos realmente impresionantes. Cerca de la entrada suele situarse el pequeño templo familiar, que siempre cuenta con ofrendas (unos cestillos muy coloridos y algo de incienso), y luego hay unos bungalows de una habitación distribuidos por el resto del patio, que hacen las veces de dormitorios, cocina, sala de estar,... Yo me alojé en una de estas casas y me pareció un lugar genial, algo así como un oasis en medio del caos y las tiendas de souvenirs.

SAM_1700.jpgSAM_1717.jpg

En esta ruta religiosa visité desde un templo rodeado de agua hasta otro que se encontraba dentro de una cueva. En fin, que casi podría escribir un post entero sobre los numerosos templos hinduistas de Ubud, pero al final son todos un poco parecidos y no quiero aburriros demasiado.

SAM_1818.jpgSAM_1931.jpg

En todo caso, merece la pena comentar que los balineses dedican aproximadamente un tercio de su tiempo y de su dinero a la religión, con lo que es una parte muy importante de su vida diaria. Y tuve la suerte de ser testigo en varias ocasiones de este hecho. Primero, en uno de mis paseos en las afueras de Ubud me topé con un grupo que estaba adornando un templo y otro grupo, aún más numeroso, que se estaba encargando de preparar ofrendas para una ceremonia funeraria. Me explicaron que toda la comunidad se reúne en estos acontecimientos y todos echan una mano. Además, los funerales no se celebran a los pocos días del fallecimiento, sino que pueden pasar varios meses ya que esperan a tener varios difuntos y entonces lo hacen todos juntos.

SAM_1843.jpg1SAM_1845.jpg

Así, otro día comprobé cómo es la ceremonia cuando iba en mi moto de alquiler y me crucé con dos extrañas construcciones (una especie de dragón y una torre) y un montón de gente. Decidí quedarme a ver qué pasaba y la espera fue bastante larga, pero estuve entretenida viendo cómo todo el mundo lucía sus mejores galas y se hacían fotos (no os perdáis tampoco las camisetas con el nombre y el careto de uno de los difuntos).

1SAM_1940.jpg

Tras colocar el equivalente de un féretro en lo alto de la torre, no sin mucho esfuerzo y algún amago de caída, la procesión se puso en marcha. Los tambores marcaban el ritmo y todo el pueblo se unió al desfile hacia el cementerio. Una vez allí, comenzó una extraña ceremonia en la que no me enteré de nada, mientras el dragón era echado a un lado, en lo que creo se convertiría en una pira más adelante. No me quedé hasta final porque aquéllo parecía que iba a alargarse unas cuantas horas más, así que siento no poder contaros cómo terminó el entierro.

1SAM_1952.jpg

Tras esta interesante experiencia, continué mi camino con la moto y me metí por unas carreteras secundarias chulísimas. No había nada de tráfico y los niños de los pequeños pueblos que crucé me saludaban con entusiasmo. En un momento dado, la carretera se convirtió en un camino de piedras y hubiese sido más útil tener una bici de montaña que una scooter. Además, al rato una nube se poso encima y la niebla daba un aspecto fantasmagórico al paisaje. Me sentí como Indiana Jones buscando el templo maldito. Por desgracia, mis aventuras terminaron pronto porque la llovizna dio paso a una lluvia torrencial y decidí volver a Ubud, aunque eso no impidió que me calara hasta los huesos.

SAM_1958.jpgSAM_1963.jpg

Otro día visité el bosque de los monos, que, como su nombre indica, estaba lleno de monos. Un lugar muy tranquilo donde pasar el rato dando de comer a los monos, si no te importa que se te suban por encima, y visitando los templos que hay desperdigados por el bosque. Y tras un largo día de exploración, lo mejor es darse un masaje en uno de los innumerables establecimientos que hay en Ubud (una hora entera de sobeteo por 5€!)

SAM_1733.jpgSAM_1734.jpg

Otra de las atracciones de Ubud son los bailes tradicionales que se representan cada noche en los templos del pueblo. Si quieres puedes pasarte una semana entera viendo bailes, cada día en una localización distinta. También hay diferentes tipos de bailes, por lo que opté por una actuación que combinaba varios estilos con el templo real de fondo.

SAM_1889.jpg

Pero, sin duda, lo que más me gustó de Ubud fueron sus arrozales. A escasos metros de la principal calle comercial, abarrotada de motos, tiendas y turistas, sólo hacía falta andar un poco y era como entrar en otro mundo. Los campos de arroz se extendían hasta donde alcanzaba la vista, limitados por palmeras y algunas haciendas. Aquí parece que el tiempo se ha detenido, con campesinos trabajando sin ningún tipo de maquinaria y un complejo sistema comunal de regadío. Y es posible pasear entre los arrozales sin cruzarse con nadie (la mayoría de los turistas deber estar ocupados comprando souvenirs). En definitiva, una experiencia imprescindible.

SAM_1800.jpgSAM_1856.jpg

A pesar de que el tiempo no me acompañó durante mi estancia en Ubud, pues el cielo estuvo nublado casi todos los días y me llovió bastante, disfruté mucho de este pueblo en las montañas, de sus arrozales y sus templos y de la amabilidad de sus habitantes. Y me dio un poco de pena cuando puse rumbo a las islas de Gili, mi siguiente destino.

Posted by gacela 02:51 Archived in Indonesia Comments (0)

(Entries 1 - 5 of 8) Page [1] 2 » Next