A Travellerspoint blog

November 2012

Kuala Lumpur

Moderna capital de Malasia

storm 30 °C
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En general, me resulta complicado describir las grandes ciudades, que en todas las partes del mundo parecen estar compuestas por los mismos elementos: amalgama de edificios de hormigón, kilómetros de asfalto y estresados habitantes. Kuala Lumpur no es una excepción, pero, a pesar de ello, me encontré muy a gusto paseando por sus barrios y disfrutando de su ilimitada oferta gastronómica. Así, me ha parecido una de las capitales asiáticas más modernas y civilizadas.

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El símbolo de Kuala Lumpur son las Torres Petronas, unos edificios gemelos impresionantes que durante algún tiempo fueron los más altos del mundo y cuyas siluetas probablemente reconozcáis por haberlas visto en más de una película. Además, se pueden vislumbrar desde casi cualquier punto de la ciudad cuando no hay otros edificios de por medio.

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Estas torres puede que sean la cara más reconocible de Kuala Lumpur, pero el verdadero corazón de la ciudad son sus centros comerciales. En la zona más céntrica de la ciudad hay uno detrás de otro y no exagero cuando os digo que nunca había visto unos malls tan inmensos. Edificios enteros de más de 10 plantas con tiendas de todos los colores, junto con otros especializados en marcas de lujo o productos tecnológicos. Todos ellos dedicados en cuerpo y alma al consumo. De esta manera, no es de extrañar que Malasia se haya convertido en un destino turístico de compras (todavía me resulta casi inconcebible que haya gente que viaje exclusivamente para ir de compras, pero esa es otra historia), especialmente para los países del Golfo Pérsico, con lo que te cruzas a menudo con mujeres vestidas de negro de los pies a la cabeza, con sólo una pequeña abertura para los ojos, caminado un paso por detrás de sus maridos, que, por supuesto, van en pantalones cortos y sandalias, felices de la vida.

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Otra de las atracciones de la ciudad es la denominada Torre de Kuala Lumpur, desde cuya plataforma se tienen unas vistas inmejorables de toda la ciudad. Desde aquí se obtiene otra perspectiva de las Torres Petronas y del distrito financiero y se puede apreciar la enorme extensión que ocupa la ciudad, que, además, da la impresión de estar creciendo sin parar.

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De los numerosos barrios de la ciudad, cabe destacar el chino, cuya calle principal es un inmenso mercadillo que funciona día y noche y donde se pueden encontrar imitaciones de todo tipo. El lugar puede llegar a ser un poco agobiante, especialmente si no te chiflan los mercadillos como a mí, porque en algunas zonas es difícil caminar por la cantidad de gente y porque los puestos están muy juntos. Aunque, por otro lado, los vendedores no son demasiado pesados.

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Además, la comida de restaurantes y puestos callejeros del barrio es excelente y con tanta variedad que se necesitarían varias semanas para probarlo todo. En un intento de saborear lo máximo posible y conocer a locales, me uní a una quedada con gente de couchsurfing y pasé una tarde muy divertida comiendo y charlando con un grupo muy heterogéneo.

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Además de los millones de restaurantes, hay numerosos mercados y puestos de frutas y verduras frescas, donde se pueden encontrar todas las especialidades del país. Así, no pude resistir la tentación de probar la fruta del dragón (también conocida como pitaya), que resultó tener la textura de un kiwi, pero con un sabor mucho más dulce.

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Por otro lado, Kuala Lumpur apenas cuenta con edificios históricos. Los pocos existentes se concentran en torno a la plaza de la independencia. Tras visitar este lugar, me quedó muy claro que la gente de Malasia se toma muy en serio su nacionalidad, ya que tanto la plaza como los edificios de alrededor están llenos de banderas del país, algunas de ellas de tamaños descomunales.

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En definitiva, Kuala Lumpur no es una ciudad espectacular, ni siquiera bonita, pero comparada con el caos, el ruido y la suciedad que caracterizan a la mayoría de las capitales asiáticas, parece un oasis. Y, sin duda, no es mal sitio para pasar unos días mientras haces trámites burocráticos (como obtener un visado para Vietnam).

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Cameron Highlands

La tierra del té

rain 15 °C
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Mi siguiente destino en Malasia fue en la preciosa zona montañosa conocida como Cameron Highlands, donde las áreas boscosas se alternan con cultivos de té. Se trata de un destino turístico muy popular, no sólo entre los extranjeros sino también entre los malayos, que vienen a esta región para huir del calor sofocante que se sufre en el resto del país. Efectivamente, el clima aquí es completamente diferente, hasta el punto de que tuve que ponerme el jersey, el chubasquero y los calcetines más de una vez por el frío. También llueve en abundancia, lo que ayuda a que el paisaje sea verdísimo, pero no mola tanto cuando quieres visitar sitios.

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Hay innumerables cosas que hacer en Cameron Highlands, siendo una de las principales atracciones ver la flor más grande del mundo, de nombre rafflesia. No podía dejar pasar la oportunidad, así que me uní a un tour para dar un paseo por el bosque y ver esta extraña flor, que en realidad es una mezcla de flor y hongo, pero que, sin duda, es inmensa. Al contrario que las flores habituales, ésta olía a mil demonios y estaba rodeada de cientos de abejas, que se te posaban por todas partes y que hicieron que saliéramos de allí rápidamente (¡malditas abejas cojoneras!).

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El tour también incluyó una interesante demostración de cómo usar una cerbatana, que después pudimos probar, aunque los dardos no estaban envenenados. Por cierto, no se me dio nada mal, de hecho, es más sencillo de lo que parece, aunque claro disparar a una diana fija a 10 metros de distancia no es lo mismo que intentar cazar un animal en movimiento. Terminamos esa intensa mañana dando una vuelta por un pueblo indígena, en el que había un par de casas de madera y bambú (para las fotos de los guiris), mientras que el resto (donde supongo que viven) eran de hormigón, con sus antenas parabólicas en el techo.

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La otra atracción principal de Cameron Highlands son sus cultivos de té. Kilómetros y kilómetros de verdes colinas llenas de arbustos de esta preciada planta. Un paisaje realmente impresionante, del que no me cansé de hacer fotos. Eso sí, me fui de allí sin probar el famoso té, que toman, como no podía ser de otra manera por la herencia británica, con leche.

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En la relajada y fría Cameron Highlands tomé fuerzas para afrontar la visita a la capital del país. Kuala Lumpur me esperaba.

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Kuala Kangsar y Taiping

Fuera del circuito turístico en el sultanato de Perak

storm 30 °C
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Después de la excitante isla de Penang, mi siguiente destino fue mucho más tranquilo, que no por ello menos interesante. Perak es uno de los estados más grandes de Malasia y, como la mayoría de las provincias del país, se trata de un sultanato. Sí, habéis oído bien, aunque parezca increíble, en Malasia todavía hay sultanes. Aunque su poder real es casi nulo, algo así como nuestra monarquía, cada estado tiene su sultán y cada 5 años eligen a uno de ellos como sultán de Malasia. De esta manera, la capital real de Perak es Kuala Kangsar (aunque no es la capital administrativa), un pequeño pueblo con una de las mezquitas más impresionantes del país.

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En este pueblo se encuentra el palacio real, donde vive el sultán. Un edificio gigantesco con cúpulas rodeado de jardines y un muro enorme y donde no se permiten las visitas. Tal vez debería haber pedido audiencia con antelación porque después de llegar hasta allí (una buena caminata bajo un sol abrasador) sólo pude ver la verja de entrada. Para rematar, el museo regional también estaba cerrado (por reformas), aunque mereció la pena ver el edificio por fuera.

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Lo que sí pude visitar en Kuala Kangsar fue el museo dedicado a la vida, obra y milagros de sultán de Perak. Y, como no podía ser de otra manera, ¡vaya vidorra! El museo consiste en una habitación tras otra de fotos, recuerdos, trajes y hazañas del señor, desde que nació hasta la actualidad. En fin, que puedes ver todo lo que te estás perdiendo por ser del pueblo llano.

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Como Kuala Kangsar es bastante pequeño, durante mi estancia en Perak me alojé en Taiping, una tranquila ciudad que ha vivido momentos mejores. De hecho, fue una de las principales poblaciones malayas a principios del siglo XX y, por ello, cuenta con una larga lista de atracciones que fueron primicia en Malasia: el primer jardín botánico; la primera estación de ferrocarril; el primer museo; la primera biblioteca; el primer zoo; la primera piscina; y un largo etcétera.

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En resumen, un lugar agradable para pasar unos días sin la presión de tener visitar monumento tras monumento. Eso sí, se trata de uno de los sitios más lluviosos del país, así que es casi imposible no mojarse en algún momento. ¡Qué manera de llover! Aunque mi siguiente destino no fue mucho más soleado, el paisaje sí fue completamente diferente, visitando las montañas donde crece el té en Malasia.

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Isla de Penang

Primer destino en Malasia

sunny 35 °C
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Apenas 45 minutos de avión es lo que se tarda en ir desde Sumatra a la isla malaya de Penang, pero la diferencia entre un lugar y otro es tan grande que fue como cruzar a otra dimensión. Al salir del aeropuerto noté enseguida que faltaba algo. ¿Era posible que la calle se encontrara en silencio? ¿Dónde estaban las millones de motos con su incesante ronroneo? Sin tiempo a pensar mucho más, llegó un autobús urbano, en el que, atentos a esto, no había que negociar el precio! Las tarifas estaban establecidas según tu destino y el conductor te daba hasta el billete. Además, el autobús era exactamente igual que los que circulan por las ciudades españolas. El trayecto hasta Georgetown, la capital de la isla, fue de lo más tranquilo, sin apenas tráfico ni bocinazos a cada rato. Las carreteras estaban libres de motos y de agujeros. No había basura tirada por todas partes. ¿Estaba de verdad en Asia? Si no hubiese sido por los 40 grados a la sombra y la arquitectura colonial, habría pensado que me había teletransportado a Europa.

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Tras el shock inicial por el nivel de desarrollo de Penang, me dispuse a explorar los sitios más significativos de la isla y a aprender algo sobre la historia y la cultura de Malasia. Lo peor de viajar sin parar es que no me da tiempo a investigar por adelantado sobre los países que visito, así que no me queda más remedio que averiguar sobre la marcha. Lo primero que aprendí sobre este nuevo país es que están locos por la comida. Les encanta comer y hay restaurantes abiertos las 24 horas del día. Además de los restaurantes clásicos, son muy habituales zonas con mesas comunes rodeadas de pequeños puestos, cada uno con una especialidad. Estaba claro que me iba a encantar Malasia y, para colmo, Penang resultó ser uno de los destinos turísticos culinarios del país.

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Además de la comida, me sorprendió la variedad étnica de la isla, con una mayoría abrumadora de población de descendencia china. También hay una comunidad india importante, mientras que los malayos parecen ser minoría. Estos 3 grupos conviven de manera pacífica en Penang (y en el resto de Malasia), aunque me dio la sensación de que estaban juntos, pero no revueltos, a pesar de llevar compartiendo espacio durante más de dos siglos. De esta manera, cada grupo tiene sus barrios, su propio idioma, sus escuelas, sus restaurantes y sus templos de culto. Y, así, en un corto paseo por la ciudad se puede visitar un templo hindú, después uno taoísta chino y más tarde una mezquita.

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Sin embargo, en cuanto a templos se refiere se lleva la palma uno budista que contiene una de las estatuas de Buda más grandes del continente. El complejo es inmenso, con numerosas pagodas y altares con budas de todas las formas, posiciones y materiales posibles. Todo ello en unos colores pastel que hacían daño a la vista. Además, entre Buda y Buda, cada espacio que no estaba dedicado a la oración era una tienda de souvenirs. Pero no os imaginéis un pequeño puesto con postales y otros pequeños recuerdos, aquéllo eran tiendas inmensas con cualquier cosa imaginable. Algo así como un todo a 100 dentro de un templo (el negocio chino parece ser el mismo en todas partes).

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Supongo que os estaréis preguntando qué hacen todos estos grupos étnicos en la isla de Penang, así que voy a intentar saciar vuestra curiosidad de la manera más corta y entretenida posible (cualquier errata en mi historia es responsabilidad del museo de Georgetown y de wikipedia). La isla apenas estaba poblada cuando los ingleses hicieron un pacto con el sultán de la región para utilizar Penang como base de operaciones de la Compañia de las Indias Orientales a cambio de protección frente a los ataques de Siam (la actual Tailandia) y Burma (la actual Myanmar). Era finales del siglo XVIII y los ingleses convirtieron la isla en un puerto de libre comercio en el muy concurrido estrecho de Malaca. De poco le sirvió al sultán el pacto, pues los ingleses pronto olvidaron sus promesas. En todo caso, la isla prosperó rápidamente y como gran parte del comercio era con China, muchos chinos vieron una oportunidad de negocio y se establecieron en la isla, convirtiéndose en mayoría. Por su parte, los indios fueron traídos por los ingleses desde su colonia para encargarse de los trabajos de construcción y mantenimiento, tareas agrícolas y también como contingente de la policía.

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La isla de Penang supuso un cambio de 180 grados en lo que había sido mi viaje por Asia hasta el momento. Después de pasar dos meses en la caótica Indonesia, agradecí la civilidad, las aceras y la tranquilidad de esta interesante isla. Además, probé infinidad de platos nuevos y hasta vi una película subtitulada en dos idiomas (¿en qué otro lugar del mundo puedes hacer ésto?). En definitiva, fue una introducción perfecta para el resto de mi viaje en Malasia.

Posted by gacela 08:00 Archived in Malaysia Comments (0)

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