A Travellerspoint blog

December 2012

Cherating

Enclave surfero fuera de temporada

semi-overcast 30 °C
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Cherating es un minúsculo pueblo, con una playa desierta kilométrica y unos cuantos chiringuitos y cabañas que cubren las necesidades de los pocos turistas que optan por esta zona de la costa este de Malasia para pasar unos días. En teoría, en la época alta, es decir, cuando los monzones generan olas, el sitio se llena de surfistas, pero durante mi estancia estaba bastante vacío. De hecho, a veces parecía ser un pueblo fantasma.

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No se trata del lugar más emocionante de Malasia, sin embargo, me pareció estupendo para dar paseos por la playa y descansar un poco antes de mis aventuras vietnamitas. Además, me lo pasé genial con los mochileros que conocí en mis cabañas y con la gente local, que resultó ser majísima. Casi no me dio tiempo a dejar mis maletas en la habitación cuando recibí mi primera invitación y así cené un delicioso pescado hecho a la brasa en uno de los chiringos de la playa. Y a los 2 días, conocía prácticamente a la mitad de los habitantes, que se reunían en el único garito del pueblo (con música en directo y todo!)

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Otra noche tocó cena española, impulsada por una tocaya de Bilbao que nos movilizó a todos (hasta tuvimos que alquilar un coche con conductor para ir al súper) y que no se echó para atrás ante la falta de sartenes en la cocina. Todo el mundo echó una mano. Hicimos las tortillas de patatas en un wok y la verdad es que quedaron muy bien o, por lo menos, después de 9 meses sin catar una, a mí me supieron a gloria. Una ensalada de pasta y pan con tomate completaron la mesa y nos pusimos hasta arriba.

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Comida aparte, fue un día muy divertido. Entre la excursión a comprar los ingredientes, la preparación de la comida y la gente que se fue uniendo a lo largo de la noche, nos lo pasamos en grande. Al final acabamos en el bar bailando al ritmo del grupo rock que tocaba esa noche. Una despedida inmejorable para mi estancia en Malasia, pues a la mañana siguiente abandonaba el país rumbo a Singapore.

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Posted by gacela 08:08 Archived in Malaysia Comments (0)

Pulau Perhentian Kecil

Isla paradisíaca en la costa malaya

sunny 35 °C
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El archipiélago de las islas Perhentians consiste en un par de islas paradisíacas ubicadas en el mar de la China Meridional, en la costa este de Malasia. Se trata de un lugar eminentemente turístico, donde todo está orientado a satisfacer las necesidades de los numerosos turistas que vienen para tirarse en la playa, bucear o simplemente relajarse. De hecho, "cierran" las islas a mediados de octubre cuando el monzón amenaza con dejar en tierra las lanchas que te llevan hasta allí (afortunadamente, menos de una hora desde tierra firme). Durante esos meses las islas se vacían de turistas y, por tanto, de habitantes.

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Yo opté por alojarme en la isla pequeña (Kecil, literalmente), que está más orientada a mochileros, mientras que la isla grande (Besar) cuenta con hoteles tipo resort. A pesar de ello, me costó encontrar un sitio en condiciones en el que pasar mis noches allí, ya que los albergues me parecieron extremadamente cutres y las cabañas más baratas no eran mucho mejores. Al final me decidí por un albergue de nueva construcción en mitad de la isla, a medio camino entre las dos playas principales (es decir, a menos de 10 minutos andando de cada una de ellas). Aunque no tenía vistas al mar, el sitio estaba muy limpio, sin el olor a humedad que parecía estar incrustado en las paredes y el mobiliario del resto de los alojamientos. Además, de esta manera no tuve que sufrir los ruidos de las fiestas que se organizaban todas las noche en la playa.

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El buceo es una de las atracciones principales de la isla y mucha gente se pasa días explorando las profundidades del mar con sus botellas de oxígeno a la espalda. Para los que prefieren bucear con el tubo, los arrecifes se pueden visitar desde la misma orilla. Perhentian Kecil cuenta con unos senderos, algunos de ellos asfaltados, con los que puedes recorrer la mayor parte de esta isla tropical e incluso llegar hasta alguna playa desierta desde la que te puedes sumergir en las cálidas aguas y ver corales y numerosos pececillos de colores.

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Como podéis apreciar en las fotos, la isla es realmente bonita. El color del mar pasa de verde esmeralda a azul intenso según el lugar y la incidencia de la luz, pero el agua siempre es cristalina. Perhentian también cuenta con habitantes curiosos que cambian de color delante de tus ojos y a los que pillé en plena acción.

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A pesar de la belleza indudable de este lugar, sólo me quedé un par de noches. Ya sabéis que la playa no es lo mío y eché en falta un poco de vida local. Además, mis días en Malasia estaban contados y el siguiente sería mi último destino en este interesante país.

Posted by gacela 09:23 Archived in Malaysia Comments (0)

Kota Bharu

rain 25 °C
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Tras mi paso por la selva, me dirigí a una de las principales ciudades del noreste de Malasia. Kota Bharu se encuentra cerca de la frontera con Tailandia y no es un destino turístico típico. Pocos turistas se detienen más de lo necesario en su ruta hacia o desde el país vecino o en su intento de llegar de una costa a otra de Malasia. Sin embargo, se trata de una ciudad muy interesante, con una oferta culinaria y cultural diferente. Por un lado, la ciudad, y en general toda la provincia, está menos desarrollada que el resto del país, lo que se nota especialmente en las infraestructuras y el transporte público. Por otro lado, se trata del centro de la cultura malaya. Aquí hay mucha menos influencia china e india y la sociedad es bastante más tradicional que en otras zonas de Malasia.

Las actividades culturales se promocionan tanto para los turistas como para los locales y, así, dos veces por semana organizan un pequeño espectáculo de música, artes marciales y juegos tradicionales durante el día y un teatro de sombras por la noche. No dejé pasar la oportunidad y, a pesar del diluvio que cayó esa mañana, fui hasta el centro cultural para ver de qué iba todo aquello. Primero había un grupo de músicos, que no sólo tocaron unos tambores tradicionales, sino que después nos invitaron (éramos 6 turistas ese día) a tocar con ellos. Fue muy divertido, aunque sonaba mucho mejor cuando tocaban ellos solos.

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Después le tocó el turno a las artes marciales, en las que un par de chicos hacían una especie de representación de lucha, pero sin tocarse. Algo así como un baile con unos movimientos específicos y con una banda de música tocando en directo. No sé, resulta un poco complicado de explicar, así que os dejo un vídeo, que espero sea más ilustrativo.

Por último, nos enseñaron un juego de peonza para adultos. Es muy parecido al que jugábamos en España de niños, pero con la diferencia de que las peonzas eran inmensas y pesaban una tonelada. Tras la exhibición, decidí probar suerte lanzando la peonza y me costó unos cuantos intentos simplemente hacerla rodar, con lo fácil que parecía cuando la tiraban ellos.

Tras esta interesante mañana, me uní a una mochilera holandesa en busca de una de las especialidades culinarias de la región: el arroz azul. Así dicho suena un poco raro, pero la cocción con una determinada combinación de especias hace que el arroz adquiera este interesante color azulado. A pesar de ser un plato típico de aquí, tuvimos que recorrer varias calles antes de que nos indicasen un pequeño puesto en el que lo vendían. Colores aparte, podías elegir los condimentos y el plato (por no decir el cucurucho de papel) estaba de muerte. La única pega a este momento fue la rata que vimos pasar un par de mesas más allá y cuya visión ignoramos con algo de esfuerzo. Por lo menos, ésta pasó lejos, no como una que el día anterior decidió cruzar por encima de mi pie, generando, sin duda, uno de los momentos más desagradables de mi viaje.

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Por la noche, llegó la hora del teatro de las sombras. Sólo hicieron falta una pantalla, un foco, un grupo de músicos y un maestro de ceremonias con varias marionetas para entretener a las 50 personas que nos presentamos allí. Me dio un poco de pena no entender las historias que se iban contando mientras las marionetas entraban lentamente en acción, utilizando la música tradicional como telón de fondo.

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Además de las representaciones tradicionales, Kota Bharu cuenta con varios museos localizados en unos edificios coloniales muy bien conservados. Como ya había visitado en otra ocasión algún museo dedicado al sultán (deben ser los más populares porque parece que hay por lo menos uno en cada sultanato), aquí me decidí por uno histórico, que me instruyó en el movimiento independentista malayo y en la ocupación japonesa del país durante la Segunda Guerra Mundial.

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Otra de las atracciones de la ciudad es el mercado central, donde los puestos de frutas, verduras, carne y pescado se agrupan en diferentes zonas del edificio. En general, lo que más sorprende de los mercados en esta parte del mundo es que la refrigeración es inexistente y allí están los trozos de carne encima de los mostradores, con los vendedores intentando alejar las moscas. Lo mejor es no mirar mucho porque, al fin y al cabo, esa es la materia prima con la que luego te hacen toda la comida en los restaurantes. Así que, resulta más agradable pasear por la sección de frutas y verduras.

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Por último, a las afueras de la ciudad hay varios templos budistas de inspiración tailandesa. Sólo visité uno de ellos, ya que llegar hasta allí en transporte público me llevó prácticamente todo el día. No sé si me gustó más el templo o el trayecto hasta allí por una carreterucha rodeada de vegetación exuberante y pequeños pueblos.

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En resumen, me gustó pasar esos 3 días en Kota Bharu, lo que me permitió tomarle un poco el pulso a esta capital de provincia sin pretensiones y entrar más en contacto con la vida real de una ciudad cualquiera. Mi siguiente destino sería mucho más turístico, pues me dirigí a una de las islas paradisíacas de la costa este de la Malasia.

Posted by gacela 07:05 Archived in Malaysia Comments (0)

Parque Nacional Taman Negara

Selva en el corazón de Malasia

sunny 35 °C
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En pleno centro de la península malaya se encuentra una de las selvas tropicales más antiguas del mundo. Su nombre es Taman Negara, que literalmente significa parque nacional, y se trata de un lugar espectacular. Un pequeño pueblo de apenas 20 casas, de las cuales 10 son alojamientos turísticos, constituye la puerta de entrada al parque, que también cuenta con un resort de bungalows más lujosos (o, por lo menos, mucho más caros). Se puede llegar hasta aquí tras un impresionante recorrido en barca de 3 horas (llegué de esta manera) o en un destartalado autobús que comunica el pueblo con la ciudad más cercana un par de veces al día (mi opción cuando me fui). El trayecto en la barca fue casi un tour en sí mismo, ya que pude disfrutar de un paisaje no alterado por la civilización (no pasamos ni un solo pueblo o plantación), además de ver aves de todo tipo mientras nos deslizábamos lentamente por el inmenso río color tierra. Así, llegué a la entrada del parque con muchas ganas de explorar la zona.

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Una de las cosas que más me ha gustado de este parque nacional es que no es necesario contar con un guía para visitarlo porque tiene senderos amplios y perfectamente señalizados. Desde la entrada se pueden realizar numerosas caminatas de varias horas, incluyendo unas pasarelas de madera a ras de suelo, que te evitan llenarte de barro, y otras elevadas que permiten una visión de la selva y sus árboles desde lo alto. A varios metros de altura, en uno de los árboles que conectaban las pasarelas conocí a uno de los guardias del parque, con el que estuve charlando un buen rato y que me regaló un pañuelo y la mitad de su almuerzo (¡qué majos son los malayos!). Con más tiempo y ganas también puedes adentrarte varios días en la selva y llegar hasta poblados indígenas, pero esa aventura he tenido que dejarla para la próxima ocasión.

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En todo caso, en mis paseos por la selva, me crucé con numerosos animales curiosos, que hicieron mi visita un poco más interesante, como este camaleón y este bicho palo. Eso sí, no llegué a ver a los elefantes, tigres o rinocerontes que se supone viven en algún lugar de los más de 4.000 kilómetros cuadrados del parque.

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Tanto caminar por la selva despierta el apetito, pero este lugar no es el mejor del país gastronómicamente hablando. Para empezar, la mayoría de los restaurantes del pueblo son casas flotantes en el río, lo cual puede parecer perfecto para disfrutar de las vistas, pero a mí me resultó una idea nefasta porque acababa un poco mareada cada vez que comía. Por otra parte, no había mucha variedad y la calidad de la comida dejaba un poco que desear, además de ser mucho más cara que en el resto de Malasia.

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Por otro lado, una mañana conocí a gente de uno de los albergues y me invitaron a una fiesta esa tarde. Fue divertidísimo, con los locales tocando la guitarra a dúo y todo el mundo cantando y bailando junto a una pequeña fogata. Tampoco faltaron las cervezas e incluso un extraño licor que destilan en las islas. Al día siguiente repetimos quedada, aunque esta vez fue un poco más tranquila. Nos cocinaron a la brasa un par de peces enormes que habían pescado ese mismo día. Estaban para chuparse los dedos y eso hicimos porque comimos con las manos como manda la tradición malaya.

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Taman Negara me pareció un parque muy interesante, que me hubiera gustado explorar en más profundidad. Sin embargo, como ya sabéis, el tiempo es limitado y quería visitar algunos lugares más de Malasia antes de cambiar de país, así que, una buena mañana cogí el autobús hasta la ciudad y allí me subí a un tren, que me llevó hasta Kota Bharu a través de la selva. Así que todavía pude disfrutar de unos paisajes increíbles durante unas horas más.

PD: Esta semana estoy de celebración bloguera. ¡¡¡¡Mi página ha recibido ya 100.000 visitas!!!! No me lo termino de creer, así que muchas gracias a todos por leerme y seguir mis aventurillas. Espero no aburriros mucho y prometo intentar ponerme más al día...

Posted by gacela 09:21 Archived in Malaysia Comments (0)

Malacca

sunny 32 °C
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Malacca (también escrita Melaka) es una interesante ciudad patrimonio de la humanidad a escasas 2 horas de autobús de Kuala Lumpur. Esta cercanía a la gran ciudad hace que muchos turistas, tanto locales como extranjeros, se acerquen a la ciudad a pasar el día. Sin embargo, a mí me pareció lo suficientemente entretenida como para estar aquí varios días. Supongo que mi percepción se vio influenciada por el albergue en el que me alojé, donde trabajaba y se alojaba gente muy maja.

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La ciudad ha tenido una historia muy agitada, sobre todo, tras su colonización, pues portugueses, holandeses e ingleses fueron imponiendo sus costumbres y criterios administrativos según se fueron haciendo con la ciudad. Tanto interés por parte de las potencias extranjeras se debe a la posición privilegiada de Malacca en el estrecho del mismo nombre, por donde pasa todo el tráfico marítimo entre el Lejano Oriente y Europa. Además, la ciudad cuenta con río navegable, donde los navíos podían cargar y descargar o simplemente avituallarse sin tener que preocuparse por el estado de la mar. Todavía quedan vestigios del dominio portugués (los primeros en reclamar la ciudad para su imperio en el 1500). Concretamente, una iglesia y una puerta de las murallas de un fuerte, aunque están prácticamente en ruinas.

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Los holandeses aportaron la plaza principal de la ciudad, con su iglesia de Cristo y su torre de característicos tonos rojizos, que, sin duda, es el lugar más fotografiado de Malacca. Además, construyeron numerosos edificios interesantes que en el actualidad albergan infinidad de museos. De hecho, hay tantos museos en la ciudad (dando un pequeño paseo por el centro conté hasta 7, incluyendo un museo de la juventud) que me resultó imposible elegir uno que visitar, así que opté por no entrar en ninguno.

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Los ingleses fueron los últimos en llegar y no hicieron demasiados cambios urbanísticos en la ciudad, pero sí trajeron consigo a una importante población india, cuyo barrio está lleno de color y olores a especias y donde, por supuesto, se come de maravilla.

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El auge del comercio en Malacca atrajo a un gran número de chinos, que comenzaron a establecerse en la orilla occidental del río hace más de 100 años. Se trata de uno de los barrios más curiosos de la ciudad, con callejuelas estrechas salpicadas de restaurantes y hoteles. Algunas de las casas están muy bien cuidadas, mientras que otras parece que se van a caer en cualquier momento y muchas de ellas incluso tienen talleres en sus bajos.

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Paseando por aquí te encuentras con una de las mezquitas más antiguas de Malasia y también con el templo chino más antiguo del país. Aquí averiguamos lo que nos deparaba el futuro lanzando unos palitos al suelo arrodillados junto al altar principal. Según el número que te salía, una señora te daba un papelito con tu futuro. El papel estaba en chino, pero había unos libros con la traducción al inglés. Como podéis ver en la foto, mi futuro no puede ser más propicio: salud, dinero y amor a raudales y hasta un puesto en la administración!!!!

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La calle más famosa de esta zona de la ciudad, Jonker Street, entra en ebullición las noches de los fines de semana, cuando se monta allí un mercadillo animadísimo. Puestos de comida ambulante se codean con tenderetes de ropa, bisutería o cualquier otra cosa que te puedas imaginar. Para rematar el ambiente festivo, montan un escenario enorme donde la gente sube a cantar (el karaoke es el pasatiempo favorito de Asia). El desafine del cantante de turno no tiene desperdicio y no aguantamos mucho tiempo allí. Sin embargo, a mí me dio tiempo a imaginarme a mis amigas adueñándose del escenario.

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Por otra parte, el río que dio vida a la ciudad ha sido recuperado en los últimos años y ahora tiene un paseo precioso de más de 5 kilómetros que recorre ambas orillas y la mayoría de las casas están decoradas con grafitis muy currados. Por la noche, se encienden las luces que iluminan el paseo y los puentes, creando un ambiente muy acogedor. Recorrí el río varias veces durante mi estancia y hasta hice el trayecto completo en dos ocasiones, una de ellas en un barquito.

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En fin, Malacca me gustó mucho y, además, conocí a gente estupenda (Jordi, Francisco, David, John, Azan, Doug,...), con los que compartí unos ratos realmente divertidos. Aunque me costó marcharme de la ciudad, me quedaba mucho país por recorrer, así que 5 días después de mi llegada puse rumbo a la selva malaya.

Posted by gacela 03:08 Archived in Malaysia Comments (1)

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