A Travellerspoint blog

Australia

Resumen de Australia

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No sé muy bien qué os puedo contar de Australia que no os haya relatado ya en las distintas entradas en el blog, pero no podía dejar de despedirme de este país en el he pasado 3 interesante meses. En todo caso, he incluido unos vídeos de animales salvajes australianos que no tuvieron cabida en los posts y espero que os hagan más amena la lectura. La verdad es que mi intención antes de aterrizar en Sydney era limitar mi estancia en Australia a un mes y, de hecho, cada dos semanas, más o menos, he tenido la tentación de coger un avión hacia el Sudeste Asiático. Sin embargo, al final he apurado mis tres meses de visado de turista y no me arrepiento de haber pasado todo este tiempo aquí.

Australia no es un país fácil si vas en plan mochilero y con un presupuesto ajustado. Se trata del país más caro que he visitado hasta el momento (compartido con las Rocosas Canadienses y Alaska) y la red de transporte público es muy limitada fuera de la costa este. Vamos, que además del gasto general de alojamiento y comida, necesitas un coche. Por suerte, hay muchos jóvenes con un visado de trabajo-vacaciones que cuentan con transporte y ganas de compartir aventuras porque sino me hubiese sido imposible visitar todos los lugares que he ido compartiendo con vosotros estos meses. Además, así he conocido a gente estupenda con la que me lo he pasado en grande.

Nota: Vídeo cortesía de Nico.

En definitiva, que aún durmiendo de acampada libre la mayor parte del tiempo, cocinando todos los días, apenas haciendo actividades y sin tener que pagar vehículo me he gastado unos 3.400€, así que no me quiero imaginar lo que deben costar unas vacaciones normales, con restaurantes, cervezas, hoteles y coche de alquiler. Dineros aparte, Australia es un país imponente. Resulta muy difícil explicar las dimensiones de este país, ya que hasta que no estás aquí en la carretera no eres consciente de las enormes distancias que separan unos sitios de otros, así he terminado recorriendo unos 15.000 kms por carretera, que se dice pronto. En muchas ocasiones acabas hasta las narices de conducir durante días sin que cambie el paisaje y sin que haya nada que merezca la pena visitar. Claro que luego llegas a un parque nacional increíble y te medio olvidas de las horas de coche que has tenido que invertir para llegar hasta allí.

Como conclusión, y para no aburriros más, tengo sentimientos encontrados cuando pienso en mi estancia en Australia. Por un lado, me lo he pasado muy bien y he visitado algunos sitios alucinantes, pero, por otro, me sabe a poco teniendo en cuenta todo el tiempo que he pasado en el país y el esfuerzo que ha requerido viajar por estas tierras.

Posted by gacela 03:31 Archived in Australia Comments (0)

Parque Nacional Litchfield

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Mis últimas horas en Australia fueron de lo más intensas, aprovechando hasta el último segundo mi estancia en este país. En Darwin volví a coincidir con Daniel, al que había conocido en Broome unas semanas antes, y juntos decidimos alquilar un coche (así, tirando la casa por la ventana!) para visitar el parque nacional Litchfield, a escasos 130 kilómetros de la ciudad. Antes de ponernos en marcha, descubrí que Darwin era el destino del momento. Todas las plazas en los albergues estaban ocupadas y ver la caída del sol en la playa era casi misión imposible. ¡No había visto tanta gente junta en meses! La puesta de sol no estuvo mal, pero no como para tanta aglomeración.

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Así que, a la mañana siguiente dejamos atrás Darwin sin mucha pena y pusimos rumbo al parque nacional Litchfield, que resultó ser el parque acuático de la región gracias a la infinidad de pozas, lagos y cascadas con los que cuenta. Además, aquí no hay cocodrilos de estuario, por lo que la gente está segura en el agua, si no contamos la hipotermia que te puede producir el agua congelada de los ríos.

Pero bueno, os cuento todo un poco más en detalle. Nada más llegar al parque nos encontramos con una zona llena de termiteros, que, aunque suene un poco macabro, me recordaron a las lápidas de un cementerio. Algunos de ellos miden más de 5 metros y son realmente impresionantes, sobre todo teniendo en cuenta el diminuto tamaño de las termitas que los construyen.

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Y una vez que abandonas esta zona, el resto del parque, que tampoco es demasiado grande, está orientado hacia el agua. De esta manera, la segunda parada fue en unas cascadas preciosas, que pudimos ver tanto desde el lago que formaban como desde un mirador, varios metros por encima.

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El mismo río que da vida a estas cascadas se convierte unos metros más allá en una especie de piscina natural, pues hay una serie de pozas no muy profundas donde la gente se amontona para darse un chapuzón. No hace falta decir que al meter un dedo del pie, se me congelaron hasta las ideas, así que yo me quedé en la sombra leyendo un libro.

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Después de dejar atrás a la multitud, fuimos hasta un mirador para apreciar otra de las cascadas del parque. En este caso, no era posible acercarse al agua, pero las vistas desde lo alto no fueron menos impresionantes.

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Y tras todas las emociones del día, tocó montar el campamento en uno de los campings del parque, en el que tuvimos la agradable visita de esta graciosa ualabí y su cría.

El camping se encontraba junto a esta otra cascada, que durante el día también se llenaba de gente remojándose en el lago, pero que al atardecer pudimos disfrutar a nuestras anchas mientras el sol resaltaba los colores marrones de la colina.

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Y el último día, que también era mi último día en Australia, recorrimos el resto del parque por la mañana, visitando un par más de pozas y caídas de agua. Como habéis podido comprobar, nuestra ruta por Litchfield consistió en ir de cascada en cascada y tiro porque me toca. Una refrescante manera de despedirme de este país-continente en el que pasé 3 interesantes meses.

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Esa misma tarde nuevas aventuras me esperaban en otro continente...

Posted by gacela 19:28 Archived in Australia Comments (2)

Parque Nacional Kakadu

Y otras aventuras en el Northern Territory

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Después de atravesar The Kimberley, Craig, Ronnie y yo cruzamos la frontera entre estados australianos, dejando atrás Western Australia y adentrándonos en el salvaje Northern Territory. Aquí pasamos la mayor parte de los 6 días que dedicamos a recorrer la zona en el parque nacional Kakadu, pero también nos dio tiempo a visitar algún que otro lugar interesante.

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Parque Nacional Gregory

Por estas tierras no parecen ser muy exigentes a la hora de convertir cualquier cosa en parque nacional, así que nuestra primera parada fue en el parque Gregory, que merece tal estatus gracias a un baobab en el que un explorador inglés inscribió la fecha y su ruta de viaje, por si acaso no volvía a dar señales de vida. En fin, muy vandálicos ellos en el siglo XIX destrozando la corteza del pobre árbol, aunque hay que admitir que no les quedó mal el grafiti.

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Alrededores de Katherine

En nuestro camino hacia Katherine, el único pueblo con el que nos cruzamos en nuestra ruta, paramos en varios miradores y aprendimos un poco sobre la brigada destinada a vigilar esta zona del país durante la Segunda Guerra Mundial, en la que los japoneses llegaron a bombardear Australia. Resumiendo, patrullar aquí se consideraba peor que el infierno (en palabras textuales de los soldados), por el calor, los mosquitos, las lluvias torrenciales y el aislamiento del resto del mundo y si sobrevivieron fue gracias a los aborígenes que utilizaban como ayudantes. Y yo me pregunto qué hubieran hecho los japoneses si realmente hubieran invadido esta región australiana, donde no hay absolutamente nada, ya que parece un poco absurdo conquistar una zona de la que no puedes sacar mucho provecho más allá de su posición estratégica (y del golpe de efecto, claro).

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En Katherine presenciamos la locura que generan los fuegos artificiales el único día del año en el que está permitida su venta y utilización. Fiesta por todo lo alto para celebrar el día del Northern Territory. No me quiero imaginar lo muerto que debe estar el pueblo el resto del año porque nos costó encontrar un sitio para cenar pasadas las 8 de la tarde y, claro, ni siquiera me planteé poder ver la final de la eurocopa que se jugaba ese día (a las 4 de la mañana no debía haber en la calle ni perros callejeros).

A la mañana siguiente, después de celebrar la victoria de España, fuimos a unas aguas termales que se encontraban en un parque a las afueras del pueblo. El sitio era muy bonito y aunque el agua estaba un poco fría para mi gusto, me di un pequeño chapuzón.

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Parque Nacional Nitmiluk

Más conocido como la garganta de Katherine, este parque nacional es principalmente acuático, pues la atracción principal es alquilar una canoa y recorrer el río y sus distintas gargantas. Nosotros nos limitamos a ver una de las gargantas desde un mirador y el sitio tampoco me pareció demasiado espectacular (ahora que ya soy una verdadera experta en gargantas y cañones).

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Eso sí, en el parque vi mi primera serpiente australiana, que, por cierto, nos dió un susto de muerte cuando apareció deslizándose sinuosamente mientras leíamos las indicaciones de un cartel. No sé si en la foto se aprecia bien, pero era bastante larga, aunque no muy gruesa. Y como no teníamos ni idea de qué tipo de serpiente era, nos mantuvimos a una buena distancia hasta que desapareció tan deprisa como había aparecido. El parque también tenía su población de ualabíes (wallabies en el original inglés), una especie de canguro pequeño que vive en zonas rocosas.

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Parque Nacional Kakadu

Y, por fin, llegamos al parque nacional Kakadu, mundialmente famoso por ser el hogar de Cocodrilo Dundee (para aquéllos con mala memoria o pocos años, mítica película australiana de los años 80). Un parque inmenso con variedad de ecosistemas y paisajes y, sobre todo, con una impresionate colección de arte rupestre aborigen. Los cocodrilos también son parte importante del parque, ya que aquí viven tanto los pequeños cocodrilos fluviales, como los enormes cocodrilos de estuario (también conocidos como marinos, de agua salada o, cariñosamente, salties). Estos últimos son los reptiles más grandes del mundo y resultan realmente peligrosos, ya que si te pones a tiro, no dudan en convertirte en su cena.

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La bienvenida al parque nos la dio un búfalo que casi nos estampa cuando salió disparado de entre los árboles. Luego decidió que le gustaba más pasear por la carretera de tierra y así fuimos a su estela durante unos cuantos kilómetros. Los búfalos no son autóctonos de esta zona, sino que fueron introducidos desde el sudeste asiático con la esperanza de criarlos en esta región. El experimento no funcionó y ahora hay cientos de búfalos que campan a sus anchas por el parque y causan destrozos allí por donde pasan.

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Sin más incidentes llegamos al camping donde íbamos a pasar la noche. Tengo que decir que las instalaciones de los diversos campings del parque están muy bien, hasta tienen duchas. Pero también cuentan con una colonia de mosquitos asesinos, que me acribillaron cada tarde con pantalones puestos y todo. En fin, a la mañana siguiente nos dispusimos a hacer nuestra primera excursión en el parque y el comienzo de nuestra visita no pudo ser mejor, ya que el sitio era increíble. El mirador era en realidad la parte de arriba de una cascada, donde el agua formaba unas pozas cristalinas antes de precipitarse varios metros al vacío. Al ser época seca te podías acercar hasta el borde mismo de la cascada, donde se apreciaba el caudal de agua que debía bajar por allí en la temporada de lluvias.

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Desde abajo daba la impresión de que la cascada fuera mucho más pequeña, pero aún así, la vista con el lago verdoso y la pared de roca negra se merecieron unas cuantas fotos.

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Durante nuestros días en el parque, también hicimos varias caminatas, pero no me parecieron demasiado interesantes. Hacía mucho calor, no había ni una sombra y el paisaje no variaba demasiado a lo largo del trayecto. En fin, que resultaron ser mucho esfuerzo para poca recompensa. Aquí os dejo unas fotos para que os hagáis una idea

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Otro día fuimos a ver el atardecer en una de las zonas que más me gustaron del parque, Yellow Water. El humedal, que ya era bastante impresionante de por sí, adquirió unos colores preciosos con la caída del sol, como espero podáis apreciar en las fotos. Y, para rematar, una increíble luna llena iluminó el cielo una vez que el sol había desaparecido.

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El día siguiente se convirtió en el día cultural, pues visitamos las zonas de arte rupestre más significativas del parque. Primero fuimos a Anbangbang, en cuyas rocas descubrimos pinturas de todo tipo: unas explicando el comienzo del mundo, otras mostrando escenas de caza, canguros, gente bailando,... En fin, un poco de todo desde la perspectiva del clan aborigen que habitaba estas tierras. Aquí aprendimos que muchas de estas pinturas tienen más de 10,000 años de antigüedad y que es normal que haya unas pinturas encima de otras, pues los aborígenes no parecían tener tanto aprecio por sus obras de arte.

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Tras un pequeño descanso, comida incluida, en una bonita laguna llena de pájaros, que Craig bordeó mientras Ronnie y yo nos echábamos la siesta, retomamos la ruta de pinturas.

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En esta ocasión tuvimos que caminar casi una hora bajo un sol abrasador para llegar hasta esta otra zona de pinturas rupestres, que pudimos disfrutar a nuestras anchas pues éramos los únicos turistas allí. En estas rocas volvimos a ver escenas de caza y figuras alargadas, así como las típicas manos (¿quién no ha hecho en algún momento un dibujo igual con sus propias manos?)

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Acabamos este intenso día de exploración en otra sección con numerosas pinturas (en este caso, los peces eran el principal tema), pero después de todo el día viendo pinturas, estaba ya un poco harta de tanta cultura y lo que más me gustó del sitio fueron las vistas al atardecer.

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Nuestro tiempo en Kakadu se acababa y todavía no habíamos visto al famoso cocodrilo de estuario, así que nuestra última mañana fuimos a la búsqueda del reptil en uno de los ríos más caudalosos del parque y con el significativo nombre de East Alligator. La verdad es que no teníamos muchas esperanzas, pues habíamos visto nuestras expectativas defraudadas una y otra vez. Sin embargo, esa mañana no vimos uno, sino dos inmensos cocodrilos tomando el sol en la orilla del río. El primero estaba un poco lejos, en la otra orilla y fue Craig el que lo descubrió, aunque al principio no estábamos seguros de si era una roca o un "salty". Fue muy emocionante cuando nos acercamos y comprobamos que efectivamente se trataba de un cocodrilo enorme camuflado entre el barro de la orilla. Por su parte, el segundo que descubrimos estaba en nuestra orilla del río, a escasos 15 metros, pero estábamos protegidos por una maraña de vegetación y un terraplén y el cocodrilo no hizo ni amago de haber advertido nuestra presencia.

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En definitiva, un final impresionante para un parque no menos interesante. Y así se terminaron nuestras aventuras juntos. Horas después llegamos a Darwin, donde nuestros caminos se separaron y me despedí de Ronnie y Craig. Yo volaba a Indonesia dos días después, pero aún tuve tiempo de explorar un último parque nacional en Australia.

Posted by gacela 03:48 Archived in Australia Comments (1)

The Kimberley

La última frontera australiana

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The Kimberley es una región increíble en el norte de Western Australia, conocida como la última frontera del país. Se trata de un territorio algo más pequeño que España y en el que viven unas 45,000 personas, así que hay mucha naturaleza salvaje por explorar. Para ello, se puede optar por una de las 2 carreteras que la cruzan por completo, una asfaltada y otra de tierra, cuyo acceso está limitado a vehículos todoterreno. Para esta aventura, me uní a Craig y Ronnie en Broome y juntos recorrimos la región en 5 intensos días.

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El estupendo coche de Craig tenía tracción a las cuatro ruedas, pero no era todoterreno, por lo que sólo pudimos acceder a algunas zonas de la carretera sin asfaltar. Aún así, los sitios que visitamos me encantaron y, en general, el paisaje me resultó mucho más variado que en el resto del país. Condujimos por zonas de desierto de arena blanca y vadeamos muchos arroyos, en los que abundaba la vegetación.

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Pero también vimos colinas y montañas que me recordaron a las películas del lejano oeste. Todo esto siguiendo una ruta estupenda que Craig había preparado y que nos evitó al resto tener que preocuparnos de los sitios que visitar. En uno de nuestros trayectos por la carretera, presenciamos una de las escenas más impactantes que recuerdo. Justo delante de nuestro coche un dingo (una especie de perro salvaje australiano) estaba persiguiendo a un canguro pequeño y le saltó al cuello en plena carretera. Entonces, los dos rodaron hacia la cuneta y nosotros paramos el coche al lado. El dingo se debió asustar con nuestra presencia porque soltó a su presa y tras unos segundos de indecisión ya no fue capaz de dar caza al canguro, que había puesto pies en polvorosa a la primera oportunidad. Fue un momento realmente emocionante, casi como estar en mitad de un documental, y nos costó un poco asimilar lo que acabábamos de ver, pero desde ese día no pudimos dejar de hablar de ello.

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Otro día, cuando ya no esperábamos descubrir nada interesante, nos topamos con unos fuegos controlados (o eso esperamos) a lo largo de kilómetros y el espectáculo resultó digno de ver. Las llamas danzaban entre los árboles iluminando la noche y creando millones de sombras.

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Esta zona de Australia tiene dos estaciones bien diferenciadas: la época de lluvias, que dura de noviembre a mayo, y la época seca, que coincide con el invierno austral. Durante la estación de lluvias resulta imposible, o muy complicado, visitar The Kimberley porque las inundaciones son frecuentes y la carretera sin asfaltar se cierra al público, mientras que la asfaltada sufre cortes frecuentes. Así que los turistas aprovechan la época seca para visitar la región y, en verdad, no son pocos los que vienen hasta aquí en busca de aventuras. Nunca había visto tanto todoterreno junto. Por nuestra parte, nosotros visitamos un montón de sitios interesantes:

Prisión dentro de un baobab

Nuestra primera parada en The Kimberley fue en un baobab enorme, que a finales del siglo XIX fue utilizado como prisión para los aborígenes que eran trasladados a la ciudad para ser juzgados (me pregunto si a los criminales blancos también los trataban así). El árbol es inmenso y hueco por dentro, así que allí metían a la gente por una pequeña abertura y, por una noche, no tenían que preocuparse de ellos.

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Me sorprendió mucho ver baobabs (boabs, para los australianos) aquí, ya que pensaba que sólo crecían en África, pero, como podéis ver, estaba completamente equivocada. En esta zona del país se levantan imponentes, dando un carácter especial a los inmensos espacios abiertos.

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Parque Nacional de la Garganta de Windjana

Tras alucinar con el árbol cárcel, nos dirigimos al parque nacional de la garganta de Windjana, un lugar increíble en el que los cocodrilos son los reyes. Cuando ves el cartel que te avisa del peligro de cabrear a los cocodrilos, piensas que, a lo mejor, te encuentras con uno o dos, pero al llegar al río descubres que hay muchísimos. Unos tomando el sol en la orilla, otros relajados en el agua, otros nadando,... En fin, una verdadera pasada.

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Estos cocodrilos fluviales relativamente pequeños se encuentran exclusivamente en el norte de Australia, donde se les conoce cariñosamente como freshies. En teoría son inofensivos, pero acojonan igual cuando te acercas.

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Además del encanto de los reptiles, la garganta es un sitio precioso. El río de color verde intenso se encuentra encajado entre dos paredes de roca gris y rojiza, formando una especie de oasis en el desierto que rodea el lugar. Y multitud de pájaros diferentes pueblan los eucaliptos que crecen en ambas orillas. Desde luego, no se me ocurre un mejor sitio donde comenzar nuestras aventuras en la región.

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Parque Nacional Tunnel Creek

La siguiente parada en nuestra ruta supuso un cambio radical con respecto al parque anterior, ya que Tunnel Creek consiste en un túnel que el agua ha excavado en la roca, así que nada de paisajes ni de animales. El túnel estaba más oscuro que la boca del lobo (también hay que decir que nuestras linternas no eran muy potentes) y encima un agua congelada cubría muchos tramos. Avanzar por el túnel supuso todo un reto. Al poco de empezar, yo ya no sentía los pies como consecuencia del frío y, además, en el agua no veía por donde pisaba, lo que daba un poco de repelús, especialmente en las zonas con fango. Vamos, que, aunque la experiencia resultó emocionante, me alegré cuando volvimos a la superficie.

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Parque Nacional de la Garganta de Geikie

Está claro que si una cosa tiene The Kimberley son parques nacionales y gargantas, así que de nuevo nos topamos con una combinación de ambos en el parque nacional de la garganta de Geikie. No pasamos aquí mucho tiempo, pero fue lo justo para disfrutar de la explosión de colores que la puesta de sol generó.

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Garganta de Amalia

Y de nuevo nos encontramos con una garganta que explorar en el camino. En este caso, había un sendero que recorría toda la garganta hasta llegar a una cascada, cuya agua descendía junto a la pared de piedra. Nos llevó toda la mañana seguir el camino, escalando en algunos tramos, pero el esfuerzo mereció la pena. Nunca pensé que pudiera haber tantos tipos distintos de gargantas y que todas me fueran a gustar tanto.

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Whyndam

En nuestra ruta también pasamos por Whyndam, un pueblo sin más encanto que encontrarse en la punta más noroeste de Australia y cuya principal atracción son unas vistas no demasiado interesantes de la desembocadura de un río enorme, aunque a mí me gustó más el cocodrilo gigante que adorna la entrada del pueblo. Aquí también pudimos comprobar que no teníamos que preocuparnos por los ciclones.

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Poco después de salir de Whyndam tuvimos el único incidente del viaje. Por suerte, fue sólo un pinchazo, aunque cambiar la rueda fue más complicado de lo que nos imaginábamos. En todo caso, lo logramos arreglar y continuar camino sin más problemas. Eso sí, empiezo a pensar que tengo algún gafe con los coches porque cada vez que me subo a uno acaba parado en la cuneta por uno u otro motivo.

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Parque Nacional Mirima

Cuando ya parecía que era imposible encontrar otro parque digno de visitar, llegamos, casi por casualidad, a este parque un tanto distinto a los demás. Este pequeño parque a las afueras de Kununurra está poblado por unas extrañas rocas redondeadas formadas por estratos de color gris oscuro y rojo. En definitiva, un sitio de lo más interesante, que no estoy segura que se refleje fielmente en las fotos.

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Por último, antes de abandonar Western Australia (me costó creer que había pasado en este estado más de 2 meses) hicimos una parada en el lago Argyle, un inmenso lago artificial, donde disfrutamos del atardecer y nos despedimos de esta impresionante región, que nos encantó a los tres.

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Posted by gacela 02:20 Archived in Australia Comments (0)

Broome

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Para ser sincera, no tengo mucho que contar de Broome, un pueblo turístico en mitad de ninguna parte, pero la aventura que supuso llegar hasta aquí sí que merece unas líneas. Para empezar, os recordaré que Judith, Miriam y yo estábamos tiradas en Tom Price esperando un radiador que parecía no llegar nunca. A todo esto, mis 3 meses en Australia estaban llegando a su fin y tenía que llegar de alguna manera a Darwin, a más de 3,000kms. y desde donde salía mi vuelo, en poco más de 2 semanas o convertirme en inmigrante ilegal.

Por supuesto, Tom Price no tiene ningún tipo de transporte público, por lo que la tarea de salir de aquí requirió de un poco de imaginación. Barajamos todas las opciones: me pasé un par de días por el camping del pueblo en busca de alguien que se ofreciera a llevarme, sin mucho éxito; pensamos en un autobús que pasaba a 130kms. por la carretera principal, pero sólo hacía la ruta un día por semana, así que tampoco me servía; otra opción era quedarme a dormir en el parque nacional, pensando que sería más fácil conocer a algún grupo de turistas que se dirigieran hacia Broome o incluso Darwin; como último recurso, Razz propuso llevarme a la ciudad más cercana, a 300kms por una carretera sin asfaltar.

Afortunadamente, no fue necesario recurrir a medidas desesperadas, pues un camionero amigo de nuestros nuevos amigos se ofreció a llevarme hasta la siguiente ciudad (no hay como tener contactos). Así, me despedí con mucha pena de mis compañeras de viaje de las últimas semanas (nos lo habíamos pasado realmente bien explorando Western Australia) y un día de madrugada, concretamente a las 2 de la mañana, me subí al inmenso camión que debía sacarme de Tom Price. Después de bostezar sin parar durante casi una hora intentando dar conversación a mi chófer y alucinando con la manera de tomar las curvas cuando llevas 3 trailers detrás, acabé durmiendo como un tronco en la cama de la cabina hasta que llegamos a las 7 de la mañana a la primera parada de mi ruta del día: una cantera, que era el destino final de mi camión y, por tanto, donde tenía que cambiar de transporte para llegar a la ciudad que se encontraba a 50 kilómetros de distancia. De esta manera, me subí al segundo camión del día y, más despierta esta vez, estuve de charla con mi nuevo camionero mientras esperábamos que llenasen el camión de grava y pasábamos por todos los controles del lugar. Como os podéis imaginar, el camión no tenía permitida la entrada en la ciudad, así que este amable camionero, al que le faltaba la mitad de la dentadura, aparcó el trailer y me llevó hasta la parada del autobús en camioneta.

Parece que había sincronizado el trayecto desde Tom Price perfectamente, pues el autobús estaba en la parada cuando llegamos y salía en 5 minutos. A pesar de todo, casi me quedo en tierra porque cuando voy a comprar el billete a los conductores, me dicen que son 140$ y descubro que sólo tengo 120$ en efectivo en la cartera y, claro, no se puede pagar con tarjeta. Menos mal que se tiraron el rollo y se conformaron con quedarse con todo mi dinero. Después de todo, ya estaba en el autobús a Broome y sólo me quedaban 8 horas para llegar a mi destino. El autobús me recordó a mis viajes por Estados Unidos del año anterior y no sólo porque el nombre de la compañía es el mismo (aunque parece que no tienen relación). El bus estaba casi vacío y en lugar de los expresidiarios que pueblan el transporte público estadounidense, aquí la mayoría de los usuarios eran aborígenes, algunos de los cuales no habían visto una ducha en semanas. Por otro lado, el sistema parece ser igual de "eficiente" a ambos lados del Pacífico. Concretamente, en esta zona de Australia tienen un extraño mecanismo por el que, a mitad de camino, el autobús se para y espera al que viene en sentido contrario para intercambiar conductores. Total, que si uno de los buses va con retraso, todo el mundo tiene que esperar y, de esta manera, estuvimos parados en una gasolinera en mitad del desierto durante casi 2 horas hasta que llegó el otro autobús y pudimos continuar camino, en el mismo autobús, pero con distinto conductor.

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En fin, sin más contratiempos llegué por la tarde a Broome con la misión de encontrar nuevos compañeros de aventuras con los que viajar hasta Darwin. No resultó ser una tarea sencilla porque había más gente buscando coche que ofreciéndolo, pero tuve mucha suerte y pude ponerme en ruta a los 2 días, aunque esta es otra historia que tendrá que esperar al siguiente post. En todo caso, mis 2 días en Broome fueron de lo más relajado. Tampoco es que haya mucho que hacer en este pueblo de escasos 15,000 habitantes que se encuentra en mitad de ninguna parte. Las dos ciudades más cercanas son Perth y Darwin, la primera a 2,400kms y la segunda a 1,900. A pesar de ello, o tal vez por eso mismo, Broome se ha convertido en un centro turístico de primer orden, lleno de hoteles, restaurantes y resorts playeros.

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Su mayor atractivo es una playa kilométrica (Cable beach), en la que en teoría se pueden dar paseos a camello, aunque yo no vi ninguno el día que fui a explorarla con Daniel, un mochilero alemán al que conocí en el autobús. La playa está muy bien, con una arena blanca infinita, y el atardecer sobre el Océano Índico es precioso, aunque creo que no es suficiente reclamo para venir hasta aquí. Como tampoco me lo parecieron las perlas que se cultivan en la zona o el pequeño barrio chino. Además, el pueblo resulta un tanto peligroso por la noche, pues está lleno de aborígenes borrachos (uno de los grandes problemas de este país).

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Así que quiero pensar que la cantidad de turistas que había en Broome se encontraban de paso, igual que yo, dispuestos a aventurarse en una de las zonas más remotas del país, la denominada última frontera australiana: The Kimberley.

Posted by gacela 22:22 Archived in Australia Comments (0)

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