A Travellerspoint blog

Entries about paisajes

Ratanakiri

Primera parada en Camboya

storm 28 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

Cruzar la frontera entre Laos y Camboya supuso toda una clase práctica en soborno institucionalizado y prácticas monopolistas. Para empezar, un empleado (o listillo) de la compañía de autobuses se ofrece a hacerte el papeleo, sin ni siquiera informarte de cuál es su comisión, y cuando le dices que prefieres hacerlo por tu cuenta (por un lado, no me da buena espina darle mi pasaporte a nadie y, por otro, de momento, sé acercarme a una ventanilla y que me sellen), se pilla un mosqueo impresionante. Menos mal que 2 parejas más decidieron también hacer los trámites sin intermediarios e hicimos piña el resto del largo día de viaje. Al llegar a la frontera de Laos nos encontramos con el primer soborno: había que pagar 2 dólares para que te pusieran el sello de salida en el pasaporte. Además, los guardias no aceptaban moneda laosiana, sólo dólares. Y si no tenías, allí te podías quedar, sin salir del país.

Después de atravesar la tierra de nadie con la mochila a la espalda, tocó lidiar con los funcionarios camboyanos. Primero, nos hicieron pagar 1 dólar por tomarnos la temperatura y darnos un certificado sanitario de que no teníamos fiebre. Me pregunto qué hubiese pasado si alguno hubiésemos tenido unas décimas, probablemente hubiese tenido que pagar el doble o alguna multa por enfermedad. Hasta ese momento todo fueron caras sonrientes, pero entonces nos dirigimos a la sala de los visados. En un cartel bien grande ponía que había que pagar 20$ por el visado más 5$ por las gestiones, es decir, por el soborno. Cuando uno de mis compañeros les dijo que en el consulado de Camboya en Laos le había dicho que sólo eran 20$ y que no tenía más dinero, un enfadado agente de inmigración le espetó que se podía ir por donde había venido y volverse a Laos, que si no pagaba, no pasaba. En definitiva, no había manera de librarse del pago de la "tasa".

Por otro lado, se trata de la frontera con menos tráfico que he visto en mi vida (y mirad que he cruzado unas cuantas en los últimos años), de tal manera que no existe transporte público local y la única manera de moverse entre los países es con tu propio vehículo o con los autobuses para guiris, en las que una compañía te lleva hasta la frontera y otra te recoge al otro lado. Éstos saben que no tienes ninguna otra opción y cobran unas cantidades exhorbitantes (bueno, por lo menos así me pareció teniendo en cuenta la parte del mundo en la que me hallaba y la distancia final recorrida). Para colmo, se saben los dueños del cotarro y tratan a la gente fatal. Después de esperar durante horas al autobús correspondiente en la parte camboyana, resulta que no había asientos para todos y hubo quien tuvo que sentarse en unas mini-banquetas de plástico en el pasillo. Además, era gente que venía de Vientiane y llevaba ya más de 14 horas de viaje (y lo que les quedaba). Lo más sorprendente es que ni siquiera protestaron, no como yo, que casi causo un conflicto diplomático cuando el autobús se paró en mitad de la carretera principal en lugar de llevarme hasta el centro de la ciudad que había contratado. Si no hubiera sido por mis compis de viaje, no me hubiese bajado allí del bus y todavía estaría discutiendo con el prepotente del encargado.

Menos mal que esta primera impresión del país se me olvidó rápidamente al llegar a Stung Treng, la ciudad donde tuvimos que hacer noche antes de continuar ruta, ya que la gente de este lugar no pudo ser más amable. A la mañana siguiente pusimos rumbo a la provincia de Ratanakiri, en el extremo nororiental de Camboya. La capital de esta provincia, Ban Lung, se trata más bien de un pueblo grande, donde la mayor parte de las avenidas están sin asfaltar y un polvo rojo lo cubre todo. Es algo así como el lejano oeste, pero con motos en lugar de caballos y gente en pijama por la calle en lugar de vaqueros. Un sitio curioso y realmente relajado.

P1070210.jpg

No hace falta salir mucho de Ban Lung para poder disfrutar de unos paisajes llenos de vegetación tropical y pequeños pueblos con casas de madera. Existen diversas opciones para recorrer la zona y, una vez que desistí de tentar al monzón con una caminata de varios días por un parque nacional cercano, me decanté por utilizar la bicicleta un día y la moto otro como medio de exploración.

P1070208.jpg

Con Ismael y Solenne, mis nuevos compañeros de aventuras franceses, pedaleé un día hasta el cráter del lago Boeng Yeak Lom. El lugar es uno de los destinos favoritos de la gente local, que viene en familia para disfrutar de este lago de color esmeralda. En la entrada se colocan puestos de comida rápida y en muelle del lago te alquilan chalecos salvavidas, para que puedas bañarte sin peligro. Y al salir del agua, siempre puedes acicalarte gracias al espejo y el peine comunal. Además, puedes aprender algo de las tribus que habitan en esta parte del país con las reproducciones de casas indígenas que han colocado alrededor del lago.

P1070183.jpgP1070185.jpg
P1070188.jpg

Al día siguiente opté por dos ruedas motorizadas y fui en busca de las cascadas de la zona. A pesar de la ausencia de carteles, logré llegar hasta 2 de ellas, atravesando preciosas zonas rurales, donde tanto niños como adultos me miraban con extrañeza. Puede que las cascadas no fueran las más impresionantes que había visto (aunque meterse detrás de una fue toda una experiencia), pero se encontraban en unos tranquilos parajes rodeadas de exuberante vegetación y el camino hasta ellas sin duda mereció la pena.

P1070190.jpgP1070195.jpgP1070197.jpg

Resumiendo, me encantó Ratanakiri, un lugar sin pretensiones donde descubrir de primera mano cómo es la vida de los camboyanos en el medio rural. En Ban Lung se ofrecen todos los servicios que puede necesitar un turista, sin ser esa su razón de ser (me imagino que 10-15 guiris no da para convertirlo en un centro turístico). Después de la tranquilidad de esta parte de Camboya, cambié completamente de aires y me dirigí hacia la capital del país. Mis aventuras en Phnom Penh las podréis leer en el próximo post.

Posted by gacela 07:55 Archived in Cambodia Tagged paisajes cascadas Comments (0)

Don Det

Relax en las 4.000 islas

storm 30 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

Mi última parada en Laos fue en Don Det, una isla en mitad del Mekong que forma parte de las llamadas 4.000 islas. En realidad, la mayoría de ellas son simples islotes y muchas desaparecen cuando el río sube su caudal en la época de lluvias. En definitiva, el nombre no se ajusta en absoluto a la realidad, lo que no implica que no sea un lugar digno de visitar.

De las 3 islas habitadas, decidí alojarme en Don Det, la más orientada a mochileros. Prácticamente me recorrí media isla nada más llegar para conseguir la cabaña perfecta: moderna, con baño y una veranda con hamaca y vistas al río (nada mal por 3 euros la noche, aunque el agua del grifo viniese directamente del río y fuese marrón). Una vez instalada, me dispuse a explorar esta tranquila isla llena de arrozales en la que el medio de transporte principal es la bicicleta.

Don_Det-012.jpgDon_Det-043.jpg

Para no ser menos que los locales, alquilé 2 ruedas y pedaleé por los caminos llenos de barro que bordean Don Det. La suerte estaba de mi lado y milagrosamente logré esquivar los chaparrones que caían cada par de horas (os recuerdo que era la época del monzón). También aproveché la bicicleta para visitar la vecina isla de Don Khon, que está conectada con Don Det por un puente construido por los franceses con el objetivo de convertir el Mekong en vía fluvial para el comercio con China.

Don_Det-011.jpg

La historia del empeño de los franceses en superar los rápidos del Mekong en esta parte de Laos no deja de ser admirable. Como podéis ver en las fotos, el río se vuelve un tanto salvaje en algunas zonas alrededor de las 4.000 islas (lo que no impide que los pescadores locales se jueguen el tipo para poner sus redes y trampas allí). Para superar esta barrera geográfica, a los colonizadores franceses no se les ocurrió otra cosa que construir un ferrocarril en las islas (el único que planearon en todo Laos), de tal manera que los barcos atracaban en Don Khon, descargaban la mercancía, que se transportaba en tren hasta Don Det, a 7 kilómetros una vez pasados los rápidos, donde se volvía a embarcar rumbo al norte de Laos y China. La ejecución del proyecto tuvo infinidad de problemas, pero al final lo consiguieron completar y este sistema se utilizó durante unos 40 años, hasta la II Guerra Mundial. Ahora sólo queda el puente entre las islas y alguna locomotora oxidada.

Don_Det-024.jpgDon_Det-026.jpg

Las 4.000 islas son un lugar agradable para pasar unos días de descanso, tirarse en una hamaca durante horas y no hacer absolutamente nada, pero mi viaje estaba a punto de finalizar y todavía me quedaban unos cuantos lugares que visitar, así que sólo estuve un par de días. Camboya me estaba esperando.

Posted by gacela 01:19 Archived in Laos Tagged rios paisajes Comments (0)

Pakse

Y unos días atrapada por el monzón

rain 25 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

Me despedí de Vientiane bajo la lluvia y puse rumbo a Tha Khaek, a unas 5 horas de autobús hacia el sur, con el objetivo de alquilar una moto y hacer un recorrido de varios días por una región llena de cuevas y pueblitos poco o nada turísticos. Sin embargo, mis intenciones se vieron completamente frustradas por el monzón. No exagero cuando digo que no paró de llover ni un momento durante toda mi estancia. Ya no sabía qué hacer encerrada en el albergue porque ni siquiera era posible apuntarse a alguna excursión organizada, ya que el nivel de agua en las cuevas era demasiado elevado. Eso sí, fueron unos días muy sociales, pues todos los mochileros nos pasábamos el día en el porche viendo caer el agua. Al cuarto día de lluvia seguido decidí que no tenía sentido seguir esperando al buen tiempo y continúe mi ruta hacia el sur, que me llevó hasta Pakse, la capital de la provincia más meridional de Laos.

Pakse-003.jpg

No puedo decir que la lluvia me abandonase en mi visita a esta zona del país (de hecho, me calé hasta los huesos nada más llegar), pero, por lo menos, me dio algún que otro respiro, que aproveché para visitar los lugares más interesantes. Desde mi llegada a Laos tenía en mente aprender a conducir una scooter semi-automática (con marchas, pero sin embrague), que son las que utiliza la mayoría de la gente en esta parte del mundo, y una de éstas fue la que alquilé para recorrer la región. Además de tener que cambiar las marchas con el pie izquierdo, lo que más me descolocó fue que el freno trasero se encontraba en el pie derecho. Al principio fue un poco raro, a lo que no ayudó la locura del tráfico y el estado de las carreteras, pero enseguida le cogí el tranquillo y me lancé a explorar.

Pakse-070.jpg

El primer destino fueron las increíbles ruinas de Wat Phou Champasak, un complejo religioso construido por el imperio jemer entre los siglos XI y XIII. El lugar está cubierto de una frondosa vegetación, lo que, unido a que apenas hay visitantes, hace que te sientas un poco como Indiana Jones. La entrada al complejo se hace a través de una avenida con estatuas de serpientes a modo de columnas en los lados, que te llevan hasta los 2 primeros templos, de los que sólo se conservan las paredes y unos frisos reconstruidos.

Pakse-009.jpgPakse-013.jpg

El camino continúa colina arriba por unas escaleras de piedra que dan la sensación de llevar allí también mil años. A ambos lados de la escalinata se encuentran pequeños templos y figuras de Buda en piedra, donde la gente local hace las ofrendas habituales (incienso, arroz, fruta,...). Por su parte, en lo alto de la colina hay un templo con unos bajorrelieves preciosos y una fuente sagrada. Se supone que este agua lo cura todo, pero yo decidí que era mejor no probarla. Por otro lado, las vistas desde arriba no podían ser mejores. En todo caso, este sitio me pareció una verdadera pasada y si no hubiera sido por la lluvia, me hubiese quedado allí todo el día.

Pakse-053.jpgPakse-037.jpgPakse-044.jpg

El resto de mi exploración por los alrededores de Pakse no resultó tan productiva, pero igualmente me lo pasé bien conduciendo mi motillo de un lado a otro. Aunque todavía no he descubierto a quién se le ocurrió poner rotondas en este país, ya que no existen los cedas el paso y cada salida de la rotonda es como un cruce, en el que prevalece la ley del más fuerte. A pesar de las rotondas, llegué hasta un monasterio en lo alto de una colina, donde los monjes me miraban con cara extrañada. Los edificios y el templo no eran nada especial, pero el esfuerzo de subir cientos de escaleras fue recompensado con unas bonitas vistas. Otro día fui a visitar unas cascadas, pero una intensa niebla sólo me permitió escuchar el atronador ruido del agua cayendo desde varios metros de altura. Eso sí, el sitio tenía pinta de ser precioso.

Pakse-061.jpgPakse-067.jpg

Esta parte menos turística de Laos me resultó muy agradable, aunque las lluvias no me permitieron disfrutarla como me hubiera gustado. Resulta casi imposible viajar durante meses evitando siempre la época de lluvias, ya que al final, el monzón te atrapa y, tengo que decir, que no es lo más apropiado para viajar. En todo caso, ya sólo me quedaba una parada en Laos, en la que visité las denominadas 1.000 islas.

Posted by gacela 04:06 Archived in Laos Tagged paisajes ruínas Comments (0)

Vang Vieng

Increíbles paisajes en el centro de Laos

storm 30 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

A punto estuve de saltarme Vang Vieng en mi ruta por el centro de Laos, ya que su fama como centro fiestero me echaba un poco para atrás. Este pequeño pueblo se convirtió en los últimos años en lugar de encuentro de algunos de los mochileros más descerebrados del sudeste asiático, que venían aquí a drogarse y emborracharse mientras se lanzaban Mekong abajo en unos flotadores. Este río no es precisamente el Manzanares, así que la tragedia no tardó en llegar y, unas cuantas muertes después, el gobierno decidió poner freno a semejante locura. Afortunadamente, ahora el pueblo está mucho más tranquilo, de hecho, sobran plazas hoteleras y restaurantes. Sin embargo, el impresionante paisaje de los alrededores sigue siendo el mismo.

Vang_Vieng-001.jpgVang_Vieng-004.jpg

Aquí coincidí por enésima vez con Joanna, una mochilera inglesa, y juntas nos fuimos a explorar las cuevas de la zona en bicicleta de montaña. Aunque las cuevas no me parecieron nada del otro mundo, el camino hasta ellas me dejó sin aliento (y no por el esfuerzo de pedalear por caminos de piedras). Campos de arroz rodeados de rocas kársticas, poblados donde los niños se bañaban despreocupados en los canales y gente que sonreía a nuestro paso.

Vang_Vieng-015.jpgVang_Vieng-011.jpg
Vang_Vieng-017.jpg

Además, también nos cruzamos con unos riachuelos y pozas de un color azul turquesa increíbles. Y para colmo de suerte, el chaparrón del día cayó justo cuando habíamos parado a comer. En definitiva, pasamos un día perfecto recorriendo lentamente esta zona rural del país.

Vang_Vieng-010.jpgVang_Vieng-018.jpg

Al final me alegré mucho de haberme detenido en Vang Vieng e incluso me hubiese quedado un par de días más si no hubiese empezado a llover como si se acabara el mundo.

Posted by gacela 10:03 Archived in Laos Tagged rios cuevas paisajes Comments (0)

Llegada a Laos y Luang Prabang

semi-overcast 30 °C
View Vuelta al mundo on gacela's travel map.

Después de 2 semanas en Tailandia, puse rumbo a un nuevo país con ganas de descubrir con mis propios ojos las maravillas que me habían contado sobre Laos. La llegada al país me pareció un poco caótica, ya que el sistema de visados en la frontera contenía elementos propios de una novela kafkiana. Al desembarcar en la orilla correspondiente del río Mekong, que es la frontera natural entre Tailandia y Laos, había que acercarse hasta unas oficinas para tramitar los papeles. El sitio estaba abarrotado de turistas y nadie parecía ser capaz de informar sobre los pasos que había que llevar a cabo. Tras esperar varios minutos en lo que luego resultó ser la fila equivocada, descubrí que primero tenía que pedir un formulario, rellenarlo y luego ponerme a la cola apropiada para entregarlo, junto con el pasaporte y una foto. Después había que esperar pacientemente entre el tumulto de filas a que te llamasen, entonces pagabas la cantidad correspondiente (que era distinta según la nacionalidad y la moneda con la que pagases) y te entregaban el pasaporte ya con el visado. Por si pensabas que no habías perdido suficiente tiempo en la oficina de inmigración, al salir había un puesto de policía en el que te revisaban el pasaporte para asegurarse de que todo estuviese en regla.

Una vez terminados todos los trámites, puse rumbo al embarcadero para comprar mi billete en un barco que surcaría el Mekong durante 2 días hasta llegar a Luang Prabang. Lo que a primera vista parecía una excelente idea: un paseo escénico por uno de los ríos más impresionantes del mundo, en realidad se trató de un trayecto infinito en uno de los asientos más incómodos que recuerdo. El barco había sido adaptado para los turistas, añadiendo asientos de furgoneta a tutiplén, que ni siquiera estaban anclados en el suelo. Además, vendieron más billetes que asientos, así que hubo gente a la que le tocó sentarse junto a las ruidosas máquinas del barco. En todo caso, a las 3 horas ya había visto y disfrutado del precioso paisaje y me sobraron las 12 horas restantes (incluida la parada a dormir en un pueblo a mitad de camino).

Luang_Prabang-005.jpgLuang_Prabang-002.jpg

Para colmo, el barco no nos dejó en el embarcadero de Luang Prabang sino en mitad del río a unos 8 kilómetros de la ciudad, con lo que había que pagar al monopolio de taxis para que te llevase hasta el centro. En definitiva, no me hubiese importado nada haberme perdido esta experiencia surcando el Mekong. Eso sí, Luang Prabang es una ciudad digna de visitar, no en vano es Patrimonio de la Humanidad. Fundada en torno al año 700 d.C., ha sido la capital de diversos reinos a lo largo de la historia y el hogar de los últimos reyes laosianos en la época de colonización francesa. Por este motivo cuenta con innumerables templos budistas (prácticamente uno en cada esquina).

Luang_Prabang-025.jpgLuang_Prabang-046.jpg

Se trata del lugar más turístico de todo Laos y no es extraño cruzarse con más extranjeros en las bien cuidadas calles del centro que con gente local. De hecho, la arquitectura colonial, ahora conservada en restaurantes y hoteles de lujo, y la ausencia de tráfico me dieron la sensación de estar en algún otro país. Sin duda, se trata de una ciudad preciosa, pero me pareció completamente de mentira, un parque temático para el disfrute de los turistas que nada tiene que ver con el resto del país.

Luang_Prabang-120.jpgLuang_Prabang-054.jpg

De las numerosas excursiones que se ofrecen a los guiris (mi idea inicial era alquilar una moto y hacer algo por mi cuenta, pero los precios me parecieron abusivos), opté por ir a las cascadas de Kuang Si. El parque está sorprendentemente bien organizado, con senderos y pasarelas de madera para recorrer las diferentes caídas de agua y hasta un centro de rescate de osos, que me encantó y en el que me pasé casi una hora viendo a estos increíbles animales pasearse de un lado a otro o simplemente echarse la siesta en unas hamacas chulísimas.

Luang_Prabang-074.jpg

Por su parte, las cascadas, aunque no tenían una gran caída, me resultaron impresionantes por el color de agua (a las fotos me remito). Por otro lado, en la mayoría de las pozas estaba permitido el baño, aunque los 35 grados de temperatura no fueron suficientes para hacer que me metiera en las aguas heladas.

Luang_Prabang-105.jpgLuang_Prabang-092.jpg

Y así transcurrieron mis días en Luang Prabang, en los que también aproveché para comer mucho y muy rico (barbacoa laosiana, entre otras cosas), echar un vistazo al inmenso mercadillo nocturno (bueno, en realidad no me quedó más remedio que atravesarlo en mi camino hacia un restaurante) y reencontrarme con gente a la que había conocido en Tailandia. Lo que no hice fue ir a la famosa ceremonia de entrega de limosnas, ya que me avisaron que había demasiados turistas haciendo fotos en la misma cara de los monjes, mientras estos hacían su ruta recogiendo arroz y plátanos de los fieles (tengo que reconocer que el hecho de que fuera a las 5 y media de la mañana también ayudó a tomar la decisión).

Posted by gacela 11:19 Archived in Laos Tagged rios paisajes cascadas Comments (0)

(Entries 1 - 5 of 26) Page [1] 2 3 4 5 6 » Next